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El país trasandino y el gobierno del dictador Piñera, vuelven a ser puestos como ejemplo internacional, esta vez por su campaña de vacunación contra el Covid-19. Pero debajo, en el mundo real, la pandemia sigue su curso y la represión no para de cobrar víctimas. Testimonios sobre el Chile real.

Por Elizabeth Moretti. Foto: Juanjo Lázzari, Valparaíso, enero de 2020

Sin tener en cuenta los medios televisivos, que en la Argentina están ocupados en otras cosas. Si uno pone las palabras “Chile vacunación” en búsqueda de noticias en Google, los resultados serán mayoritariamente alentadores. Los portales noticiosos se preguntan cómo es que el país trasandino consiguió vacunas antes que el resto del continente; o destacan que, por tener sobrantes, su gobierno llegó a donar decenas de miles de dosis a Ecuador y Paraguay.

El país que hace poco más de dos años era puesto por el establishment como ejemplo de administración económica (idea que fue destruida sorpresivamente por el levantamiento popular de octubre de 2019) hoy es elevado al mismo lugar, pero en su administración sanitaria. Aun así, una información inexplicable empieza a filtrarse en los portales de internet: a pesar de “una exitosa campaña de vacunación”, el gobierno chileno acaba de poner en cuarentena estricta a alrededor del 70% de su población.

Es que, al igual que en el 2019, cuando el milagro económico chileno escondía uno de los países más desiguales del mundo y el segundo país más caro de Sudamérica (después de Uruguay), con un altísimo porcentaje de trabajadores por debajo de la línea de pobreza y con un empleo informal profundamente extendido. En este caso, detrás del supuesto milagro vacunatorio, se esconde, en realidad, una situación acuciante a nivel sanitario en todo el territorio.

Miguel es médico en la región de Valparaíso, la segunda ciudad más grande después de Santiago, y es, además, el autor de la frase que titula esta nota, que nos parece que sintetiza claramente la situación. Él señala que hay zonas del país, como Bío Bío, en donde las vacaciones irrestrictas para los ricos no hicieron más que multiplicar el contagio, al punto de que en la actualidad, las salas de emergencia se encuentran desbordadas.

“Al día de hoy (viernes 26 de marzo) se ha alcanzado el máximo peso de infectados en un sólo día: casi 8000 infectados… algo absolutamente inédito. –nos cuenta en un intercambio de mensajes telefónicos- Jamás en toda la pandemia la habíamos pasado tan peor como este momento. Las unidades de cuidados intensivos se están quedando sin cartuchos. No sirven las cuarentena sin que hagas una trazabilidad de los asintomáticos”.

Ante esto, nuevas restricciones a la circulación, cierres de comercios y de ferias populares, y la continuidad del toque de queda controlado por la criminar institución de Carabineros. Todas medidas que, como es de esperar, sólo afectarán a los sectores más empobrecidos, que ya vienen de un año entero de sufrir el golpe tanto de la crisis económica, como de la salvaje represión estatal.

“Ahora estos brutos del gobierno van a cuarentenar la capital este fin de semana y no se les ha ocurrido otra cosa más brillante que decirle a la gente de las poblaciones que desde sus ferias libres les hagan delivery. Pero que estupidez más palmaria… en las poblaciones pobres NO HAY DELIVERY… apenas les alcanza para sobrevivir a los verduleros” remata Miguel, con toda la indignación de que es capaz.

Eduardo es actor y desde hace un año viene sobreviviendo ya ni sabe cómo, y no cree poder resistir un año más en las mismas condiciones. Actualmente vive en Laguna Verde, una población costera a pocos kilómetros de Valparaíso, y cuando por fin había logrado montar su sala de teatro para poder trabajar, llega esta nueva cuarentena total para decirle que el simple hecho de alimentarse va a seguir siendo un serio problema.

En medio de la desesperación por su propia subsistencia, se indigna al ver, en los medios de comunicación internacionales como la BBC, cómo pintan a Chile como un ejemplo. Así es que pide a sus amigos y amigas en todas partes del mundo, que por favor difundan la situación que sufren chilenos y chilenas en la actualidad.

Eduardo nos da, además, una nueva perspectiva de la cuarentena:

“Estas nuevas cuarentenas se han instrumentalizado porque en abril tenemos las elecciones para gobernadores, alcaldes, y también para los constituyentes para la nueva constitución –nos cuenta en un audio de whatsapp, sobre la salida institucional que encontró la rebelión de octubre de 2019, que hoy también está puesta en duda por la regimentación del país. Y continua:-. Hemos tenido acciones de la policía de entrar a las poblaciones con tanques, para llevarse detenidos, sin más, a dirigentes sociales. Esta semana hubo también un ataque a un niño del Servicio Nacional del Menor. Los vecinos de la institución alertaron porque sus gritos se escuchaban por todo el barrio. Se han llevado a dirigentes de la salud en pleno día, sin mediar ninguna razón…”

La lista continúa. Los hechos represivos se cuentan por decenas cada día, y sólo son difundidos por redes sociales y por medio de la prensa independiente. Ataques a trabajadores, a periodistas, a dirigentes sociales, violaciones a mujeres, ingresos violentos de las fuerzas represivas a los barrios periféricos (lo que en Chile llaman poblaciones).

Mención especial merece la situación de la población mapuche:

“Hoy la Araucanía está completamente militarizada –sigue contando Eduardo-. Se han tomado los predios de la población mapuche, han entrado a golpear a niños indiscriminadamente”. Y destaca que este pueblo originario es “el único que hoy está peleando por todos, porque ellos pelean por defender el agua y los bosques nativos de los intereses de las empresas madereras”.

¿Pero qué pasó con el Chile de la Rebelión? ¿Qué paso con las protestas callejeras y con la organización asamblearia que crecía al calor de cada batalla?

La pandemia cumplió, en este sentido, un rol inigualable en la contención de la revuelta. Por un lado le dio al estado la herramienta y la excusa para imponer un toque de queda que ya lleva un año entero. Mientras que puso a  las asambleas, que venían discutiendo los pormenores de la rebelión y la construcción colectiva de una nueva constitución que reemplace a la heredada de Pinochet, a intentar resolver el más básico problema del hambre.

“Los policías, cada vez que hay un amague de protesta social, actúan en número desproporcionado. Sin mediar ninguna provocación golpean a la gente o se la llevan detenida. La otra vez se llevaron a un periodista, acusándola de estar filmando en una zona prohibida al tránsito; y la subieron al carro y la estuvieron torturando mientras la paseaban por toda la ciudad, hasta que pasada la medianoche, finalmente la soltaron en medio de la calle”, sigue Eduardo con tristeza.

Los organismos de DD.HH. hacen denuncias por cada uno de estos hechos, pero la mayoría de ellas quedan atrapadas en el cuello de botella del poder judicial. Al mismo tiempo, existe ya una normalización de la violencia y de la violación de los derechos humanos de la población por parte del estado. Y es que los crímenes son tantos que abruman y hacen caer en la impotencia.

Quisiéramos volver a ver las maravillosas imágenes del pueblo chileno peleando en las calles, hasta que la dignidad se haga costumbre. Quisiéramos llenarnos los ojos con las miradas de les pibes de la primera línea, e ilusionarnos con las discusiones de las asambleas. Quisiéramos volver a sentir que la victoria chilena será la victoria de toda Sudamérica.

Quisiéramos también encontrar el punto en el que pudo germinar una dirección revolucionaria de aquel proceso, recuperar las semillas y alimentarlas para que finalmente puedan florecer.

Sabemos que la memoria popular permanecerá subterránea, y que posiblemente resurja de forma tan sorpresiva como surgió la primera vez, demostrando que lo que parecía paz no era sino silencio. Esperamos por ello.

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