El pasado domingo 20 de mayo, se realizó en Uruguay la tradicional Marcha del Silencio, que fue multitudinaria. Esta fecha, en Uruguay y para los uruguayo de todo el mundo, es la elegida para reclamar justicia por las víctimas del terrorismo de estado (tiene un significado similar al 24 de marzo en Argentina). En este artículo que agradecemos, Fernando Moyano Balbis nos relata cómo se dio la movilización en Montevideo.

Entrevistamos a Javier Souza Casadinho. Javier es ingeniero agrónomo, docente de la Facultad de Agronomía de la UBA y coordinador regional de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas en América Latina (RAPAL). En libros y ponencias ha investigado, precisamente, cómo los problemas ambientales y de salud pública que trae aparejado al agronegocio, no se circunscriben solo a las zonas rurales cultivadas, sino que involucran los espacios de producción, transporte y comercialización de estos químicos, además de consumo directo de alimentos contaminados.

Una militante feminista y miembro de la agrupación HIJOS fue atacada en su domicilio por sujetos armados que la golpearon y abusaron sexualmente, preocupándose por dejar bien en claro que no eran simples ladrones sino que sabían de su militancia en defensa de los Derechos Humanos y que por ello la violentaban.
Desde nuestro medio nos solidarizamos con la compañera, su familia y allegados, como así también sus compañeros y compañeras de militancia.

En vísperas de un nuevo 24 de marzo, el historiador Pablo Pozzi nos propone reflexionar sobre un aspecto no muchas veces mencionado de la dictadura genocida del ’76: la profunda resistencia obrera que hubo a dicho régimen represivo. “… la gran mayoría de las historias cuentan a los trabajadores como víctimas, nunca como luchadores antidictatoriales. Y sin embargo, sin esa decisión obrera no habría habido apertura electoral en 1983” sostiene Pozzi, autor del libro Oposición obrera a la dictadura (1976.1983), Editorial Contrapunto, 1988; entre tantísimos otros títulos sobre la historia del movimiento obrero argentino y norteamericano.

En un principio, la noticia fue una de tantas que habitan la sección de policiales de los diarios de Rosario y sus alrededores. Un hombre intenta robar cables de alta tensión de un pozo que la Empresa Provincial de Energía (EPE) había dejado abierto y recibe una descarga que calcina el 90 % de su cuerpo. Y después del desenlace y de los titulares, los comentarios envalentonados de quienes siempre gustan de celebrar que haya “uno menos”.

Después de ser las primeras en plantarle cara a la dictadura de manera unificada en el lejano 1977, las Madres de los detenidos desaparecidos y Abuelas de niños y niñas (hoy adultos) expropiados, continúan cada jueves dando vueltas alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo, nombrando a cada una de las víctimas del genocidio y respondiendo ¡Presente!, ante cada uno de ellos. Representan esa llama piloto desde la cual encender la resistencia y las luchas que vendrán.