Una vez más, los resultados de las elecciones salieron de lo esperado por encuestadoras y analistas políticos de todo pelaje. Aun así hay algo que no sorprende y es la profunda derechización del panorama político argentino. En esta nota escrita al calor de los resultados recién conocidos, Pablo Pozzi reflexiona sobre el hecho incuestionable de que “tuvimos una opción entre tres variantes de ultraderecha, las tres con ajuste, con eliminación de conquistas”.


Por Pablo Pozzi

Bueno, jóvenes, me parece que lo importante es alejarse de la sobresimplificación del tipo “perdió la ultraderecha”. Primero, porque no perdió nada. No solo porque falta ballotage, no solo porque entre Milei y Bullrich sacaron bastante más de la mitad del padrón, sino porque pensar que Massa es “centro” o “centroizquierda” es un error. En realidad, tuvimos una opción entre tres variantes de ultraderecha, las tres con ajuste, con eliminación de conquistas. Pensar que hay algo así como “peronismo de izquierda” es un oxímoron, o por lo menos lo ha sido luego de la derrota del 76.

Luego, hay que pensar los datos duros. Esto aceptando la versión oficial, de hoy lunes 23 de octubre a las 8 am (que quede claro a las 10 am del mismo día, el mismo diario Infobae daba el voto en blanco como 2% ¿cuál de los dos es verdad? Yo me quedo con la primera versión simplemente porque conozco mucha gente que votó en blanco pero puede ser que sea mucho menos). Hubo casi 10% de voto en blanco, 1% de anulados, y 24% de ausentismo. Dado que estos guarismos se calculan sobre la totalidad del padrón, y que los resultados por candidato se calculan sobre los “votos positivos” (o sea excluyen los anteriores), el gran ganador fue el “no quiero a nadie”. Si a esto agregamos los problemas de siempre de saber qué pasó ahí se complica aún más la vida. Todos aceptamos que donde no hay fiscales (o donde hacen acuerdo con el otro) hay fraude. En general, el único que tiene fiscales en todos lados es el peronismo, sobre todo porque al detentar intendencias y gobernaciones tiene capacidad de “emplear” a la militancia. De ahí se calcula que esto puede afectar entre un 3 y 5% del resultado final. Luego, es práctica común “respetar los porcentajes y duplicar los votos” aumentando la apariencia de participación. Agreguemos que Massa gastó en un mes 2,5 mil millones de pesos en el “plan platita”, más hubo subsidios extraordinarios de gobernadores, y regalos de electrodomésticos por parte de intendentes… todo sufragado por el erario nacional. Insisto, las elecciones no se ganan, se compran. Esto permitió que el peronismo gane en varias intendencias del conurbano bonaerense, o que los caudillos peronistas del norte se impongan, aunque perdieron gobernaciones y primarias hace solo dos meses.

Aun así, la “ultraderecha” (Milei+Bullrich+Schiaretti) recibió 60% de los votos “positivos”, la izquierda del FITU el 2,6% (en la peor elección de su historia), y Massa el 36,6%. Dicho de otra manera, ganó Massa porque se dividieron los otros. Es más, fue una de las peores elecciones del peronismo desde 1983. Inclusive es notable la buenísima elección que hizo la ultraderecha en provincias con un importante sector históricamente progresista o de izquierda, tipo Córdoba o Santa Fe. O sea, el panorama político se ha corrido fuertemente a la derecha. Quizás en eso lo más notable es que Massa, responsable de una inflación del 140%, de que el dólar pasara de 400 a 1040 en seis meses, de una pobreza entre 40 y 50%, de un endeudamiento infernal, de una tasa de desempleo oculta impresionante (o sea estamos muchísimo peor que luego de la crisis de 1929), sea “competitivo”. Ya no importan la gestión de los gobernantes, ni su falta de honestidad (la cantidad de casos de corrupción es abrumador), ni siquiera su ideología, sino más bien el “qué me das”, es clientelismo casi puro.

En síntesis, estamos ante la muerte de la democracia electoral. Si se juntan todos los opositores, ganaría Milei. Aunque como no es ideología sino conveniencia, Massa ya está ofreciendo cargos a troche y moche a los hasta ayer ultraderechistas. Y si gana Massa, cuando gane, va a pasar como con varios de sus antecesores… a los seis meses vamos a estar arrepentidos una vez más. Gracias Cristina, de nuevo. Gracias progres que se tragaron un nuevo sapo. Como viejo setentista no fui a votar, como no iré a votar en el ballotage. No trago más sapos. Si quieren mi voto busquen un candidato como la gente con propuestas para lidiar con la crisis y no tonterías como el lenguaje inclusivo.