Borrador Definitivo volvió al aire radial, con un programa semanal como hace ya 15 años lo venimos haciendo.

En la editorial del martes pasado, hacemos un apretado balance de estos meses del gobierno de Milei, en la perspectiva de la necesidad de unificar las luchas.


  • El gobierno, en estos meses, podríamos decir que está empantanado en muchas de las cosas que intentó hacer. Pero esto no significa que no tenga iniciativa, todo lo contrario. Enumeremos:
    • No logró aprobar la ya vieja “Ley ómnibus”, y recientemente recibió en el Senado el rechazo del DNU, y desde el propio gobierno se preparan para que éste sea vetado también en Diputados.
    • A esto se le suman los roces al interior mismo de la fuerza gobernante. De hecho fue su vicepresidente, Victoria Villarruel, quien decidió incorporar el DNU entre los temas a tratar desde la apertura de sesiones ordinarias, sabiendo que no se contaban con los votos necesarios para su aprobación.
    • Esto se suma al “salariazo gate”, que melló bastante la imagen de austeridad que el propio gobierno quiere dar hacia la sociedad. En su momento, esto le costó al puesto al Secretario de Trabajo. Mientras que en los últimos días, finalmente renunció el responsable más directo de este escándalo, Armando Guibert, uno de los hombres claves del equipo económico del gobierno y del riñón de Posse, que cumplía funciones como Secretario de Transformación del Estado y la Función Pública.
  • Pero más allá de estos roces, decíamos que el gobierno conserva la iniciativa en el ajuste contra los sectores trabajadores y más vulnerables, y en ese sentido viene teniendo éxito en su plan. Muestra de ello es el anuncio de que, por primera vez, las cuentas del estado cerraron con superávit. Este “logro”, según los números proporcionados por los mismos organismos oficiales, se lograron mediante el atraso en los salarios, tanto de trabajadores del estado (4%) como de jubilados (13%); al mismo tiempo que por el cese en el envío de remesas de dinero a las provincias (5%), entre otras cosas.
  • De hecho, tal como nos decía hace tiempo Adrián Piva, en una entrevista que le hiciéramos, se demuestra que el gobierno ha logrado unificar tras de sí a la gran burguesía mediante la baja abrupta del salario real. La pérdida en este sentido que sufrieron los sectores del trabajo en estos meses es superior incluso a la caída del 2002, con la salida de la convertibilidad.
  • Sin embargo, este éxito del gobierno contra las masas obreras también, como la mentira, “tiene patas cortas”. De hecho, Nicolás Caputto acaba de frenar los aumentos en las tarifas de luz, gas y transporte, en vista del peligro de que un golpe más a los bolsillos populares pueda provocar un estallido social. Al mismo tiempo, como también preveía Adrián Piva en aquella entrevista, la recaudación impositiva sufrió una baja de alrededor del 20% producto de la recesión económica que estamos sufriendo, lo que pone en entredicho la posibilidad de que el estado pueda mantener las cuentas superavitarias.
  • Pero hay que decir que, si bien mencionábamos los votos en contra de ciertos sectores opositores al DNU y a la Ley Ómnibus, estas actitudes de parte de legisladores y gobernadores huelen mucho más a chantaje que a una verdadera convicción en oponerse a estos planes. Podemos aventurarnos a decir que la mayor parte de la dirigencia política está de acuerdo con el plan del gobierno, pero también necesita negociar la forma de aplicarlo, para no perder su propio liderazgo en sus territorios.
  • Para decirlo de otra forma: están peleando y chantajeando para ver quién se queda con el dinero expropiado a los trabajadores con la baja del salario real.
  • Por otro lado, desde abajo asoma un proceso de resistencia, pero que aún no tiene fuerza al mismo nivel de los ataques que se vienen sufriendo. Los procesos de resistencia se vienen dado de manera inconexa y los grupos de trabajadores, luchan aisladamente, cada uno en su territorio y en su sector.
  • Gran parte de la responsabilidad de esto hay que achacarla a las dirigencias sindicales burocráticas peronistas, que también están negociando con el gobierno para amortiguar la fuerza del ajuste sobre sus propios liderazgos. La CGT levantó la cabeza con el paro general de enero y luego se sentó en la mesa a negociar, por ejemplo, el dinero de las obras sociales y demás cuestiones que le interesan.
  • Hace falta un plan de lucha real y urgente. Pero es claro que no es esta burocracia sindical la que vaya a motorizarlo si no surge desde abajo. Esto nos pone ante la encrucijada de cómo construir desde abajo este proceso.
  • El pasado 8 de marzo, con marchas masivas en todo el país, demostró que hay reservas para la lucha en las calles y que, cuando las movilizaciones son masivas, el protocolo antipiquete de Patricia Bullrich no tiene absolutamente nada que decir. Apostamos a que el 24 de marzo podamos construir una nueva manifestación multitudinaria, que siente un punto de partida para la organización, tanto política de las masas, como concreta para enfrentar la represión.

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