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Lamentablemente, San Nicolás ya es una de las ciudades del país con mayor crecimiento de los contagios de COVID-19, y también de víctimas fatales por dicho virus, que llegaron a 100 el último domingo. En cuanto a los contagios, las autoridades informan cada día que los resultados positivos oscilan alrededor de la centena, con un total al día de hoy que sobrepasa los 3250 casos, lo que está llevando al límite la ocupación de camas en los centros de salud más importantes, el Hospital “San Felipe” y la clínica de la “UOM”. Cabe aclarar que estamos hablando de los casos detectados, sin tener en cuenta los que no están registrados en las cifras oficiales.

Es innegable que presenciamos una situación de colapso del sistema de salud local. Seguramente, las explicaciones de dicha realidad, que por supuesto, afecta mucho más a los sectores de menos recursos, se encuentran en varios ámbitos además de lo biológico, es decir, por lo contagioso del virus. Las políticas económicas y sociales tienen para ofrecer respuestas, y muchas.

Hay que ver qué incidencia tiene el que las fábricas de la zona, especialmente las más grandes como SIDERAR y ACINDAR, nunca detuvieron su producción. Ni en los comienzos de la pandemia, cuando se impuso el parate de casi todas las actividades económicas, sociales y administrativas, ni ahora, cuando se transita el peor momento de contagios. Además, contemos que hay abundantes testimonios que describen la desidia de los empresarios en el cumplimiento de los protocolos para la prevención de la propagación. De las fábricas surgieron muchos casos que permitieron la difusión del virus en la ciudad.

Los grandes supermercados céntricos tampoco vieron modificada su actividad comercial, siendo un espacio de alta concentración de personas.

Mientras tanto, el poder político en su conjunto mira para otro lado, haciéndose el distraído y enfocando las responsabilidades en las conductas individuales de cada persona, imponiendo el distanciamiento social y cerrando la actividad para los pequeños comercios. Jamás se preocuparon en detener la producción de las mencionadas fábricas ni las ventas en los grandes pulpos comerciales, ni amagaron una mayor inversión sanitaria.

Para alguien poco conocedor de la naturaleza del Estado y de los gobiernos, semejante actuación que protege los intereses de los grandes grupos económicos puede parecer un acto de mera corrupción, pero si miramos la historia de estas instituciones en el capitalismo, veremos que, precisamente, están para cumplir ese rol por encima de toda otra función.

Además, ya que apelamos a la historia, tratando de mirar más allá de la coyuntura, podemos observar que el colapso del sistema de salud a nivel local y nacional encuentra su explicación, en buena medida, por los sucesivos recortes en la salud pública de los distintos gobiernos desde la última dictadura hasta hoy, y particularmente durante la década de los ’90. Hablamos de gobiernos tanto peronistas, radicales, como de la Alianza Cambiemos, espacio al que pertenece el actual intendente de la ciudad, integrante del clan Passaglia.

Desde entonces, en San Nicolás se cerraron sanatorios (las clínicas Alvear y Cattánea por ejemplo) o se vaciaron en sus servicios (Clínica San Nicolás). A tales recortes, sumemos los cierres de dispensarios en distintos barrios de la ciudad, que podrían ser útiles en tiempos de crisis sanitaria, y además, la sub ejecución de recursos. Completito y sin ponerse colorados.Claro está también, que los recortes beneficiaron intereses privados (de empresarios y sindicalistas que se transformaron en empresarios) en su camino para desarrollar la salud como una mercancía más a vender, dejando de lado la noción de la salud como derecho social esencial. La pandemia llegó para exponer tal realidad que se viene pergeñando desde hace bastante tiempo.Miremos los hechos como parte de un proceso, proceso de destrucción social cuyos responsables son los poderes dominantes de siempre. Tremenda destrucción, sólo puede ser detenida por la clase obrera y los oprimidos.

(foto, Realidad24.com)

Borrador Definitivo, periodismo de clase. Revista Disonancia.

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