Algunas premisas introductorias

La educación al ser un fenómeno social, se encuentra profundamente relacionado con el contexto
socioeconómico. Rieznik dice que la educación es actividad humana y como tal es un aspecto del
desarrollo de las fuerzas productivas y la división social del trabajo.
A partir de esa división social, la cual entre otras generó la diferenciación entre educador y educando,
los distintos modos de producción en la historia se diferencian por las formas y modos de imponer y
usurpar el tiempo de trabajo no pagado y acumulado en manos ajenas. De forma tal que llegamos a la
especificidad del capitalismo, que se refiere al predominio del capital en cuanto trabajo pretérito
acumulado por un tercero propietario de los medios de producción. Hasta aquí es plusvalía. Esta
plusvalía se convierte en capital cuando vuelve a invertirse para generar mayor plusvalía.
En la actualidad, y a pesar de posturas reformistas en términos postmarxistas, la categoría de clase
obrera tiene una absoluta vigencia, si bien no con las características predominantemente fabriles al
estilo de la organización taylorista de la producción como sucedía entrada la segunda mitad del siglo
XIX. La tecnología, la tercerización, el avance de los servicios y demás crean otra impronta de obrero
polivalente y flexible, pero trabajador al fin en el sentido de transformador con su esfuerzo físico e
intelectual no recibiendo el fruto de su trabajo producto de la apropiación de los medios de producción
por parte de la burguesía o del aparato que los representa y que reproduce el orden social, el Estado
burgués. Hoy, incluso se explota a través de empresas de servicios y desde la institución estatal misma,
no solo el esfuerzo físico, sino tal vez en mayor medida el esfuerzo intelectual y los conocimientos del
sometido (cosa que siempre sucedió, pero que en proyección, se percibe en mayor medida). El
docente, que es parte de la clase obrera, genera algo esencial en cuanto a factores de
producción, y es la reproducción del trabajo a partir de futuras generaciones de mano de obra
que según variables del capital será ocupada o desocupada. De allí nuestra importancia
estratégica para el sistema.
Marx habla de que en el capitalismo, el docente realiza un trabajo productivo al ser parte de una
relación social que transforma al trabajo (relación con alumnos-futuros obreros y desocupados)
en instrumento idóneo para hacer producir valor al capital. Esta realización también puede
trasladarse con la especificidad de cada rubro al resto del sector servicios, como la salud, transporte,
medios de comunicación, recreación, etc. En particular el docente transforma, a su trabajo y
proyecta el trabajo de los hoy alumnos y mañana obreros, en instrumento de reproducción del
capital

Naturaleza crítica del sistema

Estamos viviendo una extensa fase donde las fuerzas productivas de la Humanidad han dejado de
crecer, según los distintos momentos por medio de guerras, cierre de fábricas, depredación, etc. En
términos generales además, las nuevas invenciones y mejoras técnicas no consiguen elevar el nivel de
riqueza material, solo reservado para minorías propietarias.
En las condiciones de crisis estructural del sistema capitalista (como característica inherente al
mismo), cada nueva crisis coyuntural impone a las masas mayores sacrificios y sufrimientos. En
este sentido, los trabajadores de la educación son expuestos a mayores niveles de explotación,
por ejemplo a través del notable crecimiento en la flexibilidad de las actividades, a cambio de menores
salarios y por lo tanto precarización en las condiciones materiales, llevando a la alienación.
Esta crisis que se presenta en la sociedad capitalista se manifiesta a simple vista con recurrentes
períodos de saturación en desfasaje con la capacidad de consumo de la población y que tiene su
explicación concretamente en la sobreproducción y concentración de capitales que precisan recrear las
condiciones de su funcionamiento y crecimiento desmedido planteando así recortes al valor de la fuerza de trabajo en su mas amplio sentido, lo que significa entre otras cosas, el achicamiento del llamado salario indirecto involucrado en el financiamiento público (y también privado) a la educación.
Esta situación es consecuencia de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. En efecto, el desarrollo tecnológico lleva a que se produzca mas en menos tiempo por lo cual cada mercancía tiene
incorporado menos trabajo objetivado y por ello la tasa de ganancia tiende tendencialmente a caer a
niveles cada vez mas bajos. Se invierte cada vez mas capital para poner en funcionamiento la misma
mano de obra (a través de la renovación de maquinarias) con el objeto de producir mas mercancías que las necesarias para el mercado consumidor.

Esa caída tendencial consecuente lleva a la competencia interburguesa por reproducir capital, lo cual genera concentración/fusión de capitales para derrotar a los otros competidores burgueses menos poderosos, así como la diversificación del capital, como por ejemplo en el sector servicios, entre los cuáles se encuentra el ámbito educativo. De manera tal que estas “inversiones” son la consecuencia de que el capital mismo produce las condiciones a la vez de su propia destrucción. Como el capitalismo tiene una naturaleza crítica, para sobrevivir necesita ampliar continuamente su esfera de influencia. Y la respuesta a su podredumbre es la viralización de su lógica explotadora de trabajo humano. Así avanza no solo en la educación, sino en la salud, los servicios públicos, etc. Sectores ocupados por el Estado burgués que, mostrando su naturaleza de clase, delega progresivamente estos espacios a la burguesía que lo sostiene, como muestra de su función así como de la decadencia del sistema económico social. La crisis educativa es parte de un proceso de descomposición mas general del capitalismo en la que el sistema educativo (como herramienta fundamental del Estado capitalista) también se vería perjudicada.

La educación Privada: avance del capital como muestra de sus limitaciones.

Así, el fenomenal crecimiento de la educación privada en todos los niveles y en todas las regiones es
una ley del capitalismo como sistema, cual es la búsqueda de inversión de capital que extraiga plusvalía de los trabajadores y rinda ganancias al empresario. Hoy el servicio educativo forma parte de las variantes que el capitalismo ha encontrado para diversificar su proceso de extracción de plusvalía. La lógica expansiva del capital producto de su crisis se manifiesta en la tendencia (que avanza a distintos ritmos pero en forma constante desde la segunda posguerra) de que la educación sea un espacio para la inversión privada, en lo que se denomina “mercantilización de la educación”. Hay empresas que destinan recursos millonarios para la capacitación, diversos tipos de formación (cursos de especialización, postgrados, postítulos, etc) así como carreras a distancia o semipresenciales, todas aranceladas que deben anexarse a los títulos de base, bajo la premisa de “formación continua”. Son obra de las necesidades de inversión, de tener a un consumidor de saberes cautivo, y a la vez de pensar en la especificidad laboral en función a las nuevas demandas empresariales. El resultado es que el trabajador, para ser funcional al sistema, para ingresar a la perversa dinámica de la explotación por parte del capital, tiene que pagar.
En lo profundo muestra que el capital avanza en la apropiación de la capacidad humana de poder conocer a partir de que el hombre está mercantilizado (es un producto posible de comprarse y venderse). El desarrollo histórico demuestra que el capitalismo mercantilizó la capacidad de
trabajar para luego, una vez alcanzado su límite crítico, mercantilizar también el servicio de
formación.

La educación Pública: la reproducción de la fuerza de trabajo.

Aparecen determinados espacios educativos que no poseen interés para el capital aun, y son aquellos donde el alumno no puede ser visto como un cliente de propuestas, mas si como un sujeto a disciplinar en cuanto reproducción de clase obrera y ejército de reserva de mano de obra. Allí la educación es mantenida por el Estado. Los miserables presupuestos, la carencia de recursos didácticos así como de insumos de todo tipo, las deplorables condiciones edilicias, la superpoblación escolar por cursos que reciben la negativa al pedido de desdoblarlos, la nula participación de docentes y alumnos en la construcción de diseños y planes que luego los convierten en protagonistas forzosamente pasivos, la falta de servicios, de cargos docentes así como de asistentes escolares, sumada a la lógica salarial degradatoria, muestran a las claras el interés genuino que la institución burguesa estatal tiene por la formación de los sectores populares y trabajadores. La premisa de “educación de calidad” se vuela con el viento de la realidad cotidiana. La realidad es que la escuela pública es sostenida definitivamente por el nivel de voluntarismo de la comunidad educativa del territorio y no por el Estado. Es la política que manifiesta el criterio de “pensar a la educación como un gasto” mas allá de discursos grandilocuentes, que al estar mercantilizado casi todo, venden a la sociedad. En todo caso, se “gasta” solo lo necesario para mantener los niveles de reproducción de fuerza de trabajo ocupada o desocupada, roles a la vez intercambiables políticamente con el de clientes electorales de ocasión, a paladar del sistema económico y del régimen político.

Situación y perspectivas del trabajador docente en cuanto parte de un sistema explotador en crisis permanente
En ese marco … ¿Se puede criticar al compañero que no tiene ganas de trabajar o no quiere
trabajar? En el contexto del capitalismo en crisis donde no solo se explota el trabajo físico sino
también el intelectual en beneficio de la reproducción de una sociedad desigual, donde la
polivalencia, la flexibilización y precarización laboral exige mas tiempo por igual o menos salario, y donde se daña a la salud física y mental, es casi un acto defensivo, de resistencia intuitiva, no querer trabajar. Sucede que nuestro descontento, como el de todo trabajador en este formato de sociedad, es el resultado de comprender que no se recibe lo que se merece, en función a lo que se produce. De ahí viene la tendencia a no querer hacer determinadas tareas y actividades aun cuando fuimos formados con la falsa premisa de que tenemos que cumplir con las mismas porque solamente en nosotros recae la responsabilidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, negando que somos seres en un profundo entramado educativo (y por lo tanto social) del cual somos una parte. Nos sentimos mal por hacer demasiado y a la vez nuestra formación nos obliga desde dentro que tenemos que hacer más allá de nuestros tiempos y vida privada. Y hay más: las políticas de degradación de la educación llevadas adelante por el Estado han producido que los docentes hayamos perdido ante la sociedad lo que se denomina capital cultural, o sea una determinada forma positiva o legítima de vernos por parte del resto. Se impulsa, por otro lado, una romantización a la explotación docente mostrando como hecho heroico y de servicio el “sacrificio” que implica ser explotado económica e intelectualmente en tanto no se le paga el valor social que crea al reproducir a la sociedad. Así aparece el “trabajador ejemplar”, el que se sacrifica, el que no cobra, el que critica al que lucha. En definitiva cierto trabajador de la educación lumpen que tiene la cabeza puesta en frecuencia del discurso burgués que a la vez lo oprime, y nos oprime. Son, en definitiva, cuestiones comparables a las experimentadas por los trabajadores de otras esferas laborales.

La educación entonces no es ajena a la sociedad, muestra las tendencias de la misma. Así como
en el resto de las esferas relacionadas a la satisfacción de necesidades sociales, el docente y el
alumno deben hacer de la educación un espacio de lucha contra la dominación y la explotación.
El ámbito educativo es un ámbito de la lucha de clases. A partir de la progresiva concientización
surgida como resultado de la realidad sobre nuestro rol reproductor de un orden injusto y desigual, aparece por lo tanto la lucha por cambiarlo de raíz. Es así como a contrapelo de lo que intenta imponer el sistema educativo, desde la docencia misma surgen importantes compañeros concientes de la necesidad de cambio así como valiosos ejemplos desde el alumnado a partir del conocimiento científico de la realidad.
De allí que sean importantes los aportes entre otros, de Rosa Luxemburgo y León Trotsky. La primera
planteaba una pedagogía revolucionaria de la acción: en la lucha la clase obrera adquiere conciencia.
Concientización y combate no son 2 fases distintas sino simultáneas. El segundo habla del hombre
condicionado por la situación material. Y en ese contexto el trabajador de la educación debe despertar
una personalidad crítica entre las masas oprimidas, para lo cual el educador debe tener también un
pensamiento crítico. No hay que crear en las actuales condiciones un “hombre nuevo” sino un “hombre
revolucionario”.

La huelga como acción colectiva-Sindicato como representación colectiva
Entre las acciones directas colectivas se prioriza como arma de lucha el paro y la movilización entre
otras, como pueden ser las clases públicas y demás. Sucede que la huelga y movilización son las herramientas por esencia del movimiento obrero conciente en tanto que si el tiempo de trabajo representa valor acumulado en manos ajenas, con dichas herramientas, aquella vinculación en términos de explotación se quiebra.
Esto teniendo en cuenta que Karl Marx define en El Capital al trabajo como el desgaste del hombre, sea
cual fuere la forma en que se ha gastado esa fuerza. Y al docente como un ser que es parte de relaciones sociales tendientes a transformar el trabajo (propio o ajeno) en instrumentos idóneos para
generar valor al capital. La huelga corta esa relación. Lo que buscan la huelga y movilización es que el valor del trabajo quede en manos del trabajador.
Si la educación es una de las herramientas de reproducción social del sistema capitalista a través de un Estado que estimula al mismo (junto a otros elementos), es legítimo cortar esa lógica. Y además se pretende que dichas acciones sean ejemplo de vanguardia al resto de los trabajadores y sus agrupamientos.
La organización sindical originariamente fue y debe ser el elemento construido por el trabajador para luchar contra el capital, y es por lo tanto herramienta de lucha docente. Hoy lamentablemente la mayoría de los sindicatos están cooptados por tendencias reformistas y progresistas que responden más a los intereses de empresarios y Estados de suavizar las voces y reclamos docentes que de
estimularlos. Poner paños fríos cuando no acordar las condiciones de derrota y a la vez mostrando las
mismas como logros. Una lamentable virtud de la burocracia sindical es mostrar las derrotas por ellas
impulsadas en beneficio patronal, como victorias.
De allí que es fundamental quitar toda burocracia sindical, estableciendo sindicatos con independencia política de los gobiernos e intereses de la burguesía, que representen y sean la misma clase trabajadora organizada, desarrollando propuestas reivindicativas como trabajo preparatorio para la movilización general de toda la clase obrera con objetivo de poder.

Walter Paoluzzi.
Docente de EESO 328, 374, 604 y 518.
walterlatranca@hotmail.com

(foto internet)

1 Rieznik P. Marxismo y sociedad. Eudeba. Bs As. 2000.
2 Rieznik P. La educación y la vida. Buenos Aires. Página 12. 8-6-1999.
3 Karl Marx. El capital. Editorial siglo XXI. México 2017.
4 Löwy M. La chispa prende en la acción. La filosofía de la praxis en el pensamiento de Rosa Luxemburg. En Htts:
marxismocritico.com. 3-12-2012.
5 Trotsky L. Programa de Transición. 1938
6 Trotsky L. Por la libertad de la educación: Cuarta Internacional. México. Agosto de 1938.
7 Trotsky L. Discurso del 5to Aniversario de la Universidad de Svedlov. Publicado en 1923 en Boletín de Prensa de
la Internacional Comunista.
8 Bourdieu P. y Wacquant L. Respuestas para una Antropología reflexiva. Grijalbo. México. 1996