Compartimos, con autorización y recomendación de su autor, esta nota aparecida previamente en el blog Miguel Espinaco – Cosas para leer


Por Miguel Espinaco

Primero pensé que era un meme, otro más de esa tradición feisbuquera de atribuirle frases delirantes a Albert Einstein o fragmentos de libros de autoayuda a Borges.

Pero resulta que no, que Alberto Fernández sí que había dicho eso de que los brasileños salieron de la selva, los mejicanos de los indios y los argentinos de los barcos, una frase que él dijo textual de una canción de Litto Nebbia que al fin y al cabo es un compositor que puede dejarse llevar por sus percepciones, pero Fernández no.  No debería.

Lo cierto es que tuvo que salir más o menos a disculparse  porque a quién más, quién menos, le sonó a dejá vú macrista, porque todos se acuerdan de que fue Mauricio el que alguna vez dijo que en Sudamérica todos somos descendientes de europeos.  Y que se armó flor de revuelo.

Es cierto que a cualquiera puede escapársele una frase inoportuna como esa, más que nada porque forma parte del sentido común –que por lo común no tiene ningún sentido– y no vamos a hacer un mundo por eso.

Lo que sí puede hacerse, sin duda, es preguntarse por qué todos repiten este lugar común, porque todos recaen en el mito de la Argentina blanca.

Cosa de negros

El tema no es menor porque refiere a la negación de una gran parte del país.  No es casual que en su tweet de disculpa, Alberto Fernández haya usado la palabra invisibilizado, porque de eso se trata.  Y el tema no es menor porque el peronismo en el poder se presenta como  heredero del aluvión zoológico, del arribo a la vida política de los cabecitas negras.

El país –los que marcan la tónica cultural del país– se ve a sí mismo blanco, una versión étnica que se disimula cuando TN habla con corrección política de la gente, pero que muestra toda su crudeza cuando se escucha decir peyorativamente esos negros o peor aún, esos negros de mierda.

Esa negación que pone a la gente (o sea a los más o menos europeos) de un lado y a los negros (negros de alma, aclaran los que no quieren ser tildados de racistas) bien del otro, constituye una subtrama problemática de la vida nacional, una grieta marcada firmemente por fronteras barriales y por estilos de vida, que no conviene pasar por alto.

Papá blanco y Mamá india

La cuestión de cuántos argentinos se reconocen como indígenas o como descendientes de indígenas no es el dato central pero vale consignarlo, porque son casi un millón de argentinos que no tienen ningún pasado de barcos. El asunto más interesante está en nuestros genes.

Investigaciones hubo muchas y uno puede encontrarlas sintetizadas en Wikipedia. Vale decir primero, para enfrentar la percepción del Presidente, que Brasil tiene más genética europea que Argentina. Eso es por lo menos lo que se deriva de una investigación de la Universidad de Brasilia del año 2008 que concluye que el genoma argentino tiene un 60 % europeo,  mientras que el brasileño tiene un 65%.

Otro estudio de la Universidad de California nos brinda un poco más de europeidad y afirma que somos un 78 % de allá, un 20% de acá y un 2,5% africanos.

En 2005, el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires hizo un estudio mucho más interesante, porque separó las herencias maternas de las paternas.  Esta gente descubrió que por la vía paterna que parece que tiene que ver con el cromosoma Y, casi todos los casos –un 94,1%– revelan ancestralidad europea, o sea que somos preponderantemente de papás europeos, mientras que la vía materna -que tiene que ver con el ADN mitocondrial– la presencia de ancestralidad indígena se encuentra en la mayoría de los casos (53,7%).

O sea que más de la mitad de nuestras madres, o de nuestras abuelas… o vaya a saber cuántas generaciones para atrás, no vinieron para nada de los barcos.