La crisis del frente gobernante continúa en la medida que se hacen imparables la inflación, la devaluación del peso y otros rasgos de la debilidad del capitalismo argentino. Tanto que la constante actualización de las disputas internas parecen dejar atrás lo que sobre esto pueda decirse. Y decimos «precen» porque entendemos que detrás de los cambios de nombres, subyace el mismo conflicto burgués, intensificado cada vez más, y la misma ausencia de una alternativa obrera y popular. Compartimos este interesante análisis publicado en el blog Miguel Espinaco – Cosas para leer.


POR MIGUELESPINACO@GMAIL.COM

La discusión en el Frente que gobierna la Argentina parecía ser por el déficit fiscal: si es que  causa la inflación o si no la causa, si es una herramienta de política económica o si no lo es.  Eso fue por lo menos lo que apareció constantemente en la superficie del debate desde que Cristina Fernández – días después de las Paso del año pasado – empezó su proceso de diferenciación del gobierno que ella integra y al que por otra parte, ella había parido.

El eje de discusión fue primero esbozado por Axel Kicillof cuando advirtió que para recuperarse de la paliza de las primarias había que  “relajar la mirada fiscalista”.  La vicepresidenta le puso después números al comentario del gobernador bonaerense cuando explicó que el déficit previsto era del 4,5% del PBI y que a agosto de 2021 recién se había ejecutado el 2,1%.  O sea, la crítica era porque el déficit fiscal era poco, porque había que gastar más.

Ya durante el 2022, cada una de los reproches del ala Cristinista del gobierno – si es que tal cosa existe más allá de las apariencias – fueron contra la “mirada fiscalista” del Ministro Guzmán, que tuvo su mayor apogeo en el impulso y en la firma del acuerdo con el Fondo Monetario

Fue por eso que fueron muchos los que festejaron la caída de Guzmán y el ascenso de Silvina Batakis al Ministerio de Economía.  Dado que las ínfulas izquierdistas del kirchnerismo en el frente gubernamental no parecen ir mucho más allá del tamaño del déficit fiscal que puede permitirse el Estado en el capitalismo argentino, debemos suponer que creyeron que había habido un claro triunfo en esa línea.

La misma Batakis ayer, en conferencia de prensa, les dijo que no, que no es que ella esté en contra del déficit fiscal, que el déficit es una herramienta económica para ser usada en situaciones extremas como instrumento contracíclico como se hizo durante la pandemia, pero que después – o sea ahora – ya no. 

Que ahora es tiempo de equilibrio fiscal.

Un capitalismo sin plan B

Ya el ex ministro Guzmán había dicho el mes pasado casi lo mismo, que el déficit fiscal sirve para que el Estado “salga a auxiliar para darle un impulso a la Economía” durante los momentos de recesión, con lo cual lo negaba como herramienta para este presente en el que nos dicen que la economía crece aunque la pobreza arrecie.  En esta diferenciación tan oportuna entre la teoría general y la práctica concreta, la ministra Batakis repite sin vacilar a su predecesor, dispuesta  a hacer sin fisuras una especie de Guzmanismo sin Guzmán.

El conjunto de las medidas presentadas haría dificultoso armar aquel viejo juego gráfico de encuentre las siete diferencias. Al juramento de “no vamos a gastar más de lo que tenemos” se suma el mantenimiento de las metas acordadas con el FMI, la promesa de un sendero de tasas de interés positivas que significará seguir aumentando la eterna bola de las Leliq para que los bancos no se pongan a jugar a la devaluación del dólar, y la ratificación del aumento tarifario, sin que nadie se pregunte siquiera cuánto van a seguir ganando las empresas que explotan los servicios públicos, ya sea que esa ganancia se consiga vía subsidios o vía precio de las tarifas.

Hay sí una novedad en el paquete, que es el congelamiento de personal extendido a todas las áreas del estado, medida que ya ha preocupado hasta a sindicalistas de la propia CTA que adhiere al frente gubernamental, ya que en este momento hay 30 mil empleados públicos concursando para pasar a planta, gente que trabaja hace años en el Estado y busca ser blanqueada.  ¿Amenaza de despidos masivos?

De la inflación y de la tan mentada  multicausalidad no hubo casi nada.  Apenas una alusión a la autoridad nacional de defensa de la competencia que ya es casi parte del folklore peronista. Fulbito para la tribuna, y de la cuestión social – o sea de la pobreza – nada de nada: el salario universal que algunos proponen como parche, como plan B para la situación terrible que se vive, brilló por su ausencia y, bien mirado, no podía ser de otra manera: según Guzmán antes y según Batakis ahora, el déficit fiscal sólo sirve como instrumento contracíclico cuando hay recesiones, nunca para la pobreza estructural que es constantemente producida por el mundo del capital.

La contradicción fundamental

No se sabe todavía qué dirá el kirchnerismo después de esta manifestación de fe fiscalista de la Ministra Batakis.  Por lo pronto,  todos estos movimientos contradictorios de diferenciación/unidad del Cristinismo al interior del Frente de Todos – te hablo, no te hablo, voy a un acto con vos, no voy – están más dictados por cuestiones tácticas con los ojos puestos en el 2023, que en cuestiones de políticas.  Por lo pronto da toda la impresión de que intentan una tregua – no hablar mal de Batakis – que habrá que ver si resulta posible en medio del mar embravecido.  Lo mismo no es extraño que lo intenten: todos son conscientes de que no puede tirarse tanto de la cuerda cuando falta todavía un trecho tan largo para las elecciones.

Esta contradicción de la táctica con los ojos puestos en las elecciones, parece ser la que más desvela a la vicepresidenta.  Es que si golpea demasiado a Alberto Fernández para acentuar su diferenciación, se arriesga a dejarlo sin sustento y lo pone al borde de no llegar a las elecciones, y si lo sostiene de más no se diferencia lo suficiente como para no pagar los platos rotos, compartiendo el esperable castigo electoral en 2023.

Sin embargo la contradicción fundamental, la que debería preocupar a los que creen sinceramente que el kirchnerismo es una alternativa al capitalismo realmente existente – o sea al neoliberalismo – a ese capitalismo que provoca ganancias multimillonarias y dólares amontonados de un lado y pibes sin comida del otro, es esta de darse aires de izquierda discutiendo un par de puntos del presupuesto al mismo tiempo que explica sin sonrojarse que el capitalismo es “el sistema más eficiente para la producción de bienes y servicios”, renunciando así al derecho de soñar, al derecho de pensar y de planear cambiarlo por un mundo más vivible.

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