El 29 de abril se cumplían 20 años de aquellos días en el que el río Salado ocupaba literalmente gran parte de la ciudad de Santa Fe.
Barrios enteros quedaban bajo dos metros de agua mientras el gobierno de Carlos Alberto Reutemann -responsable de haber dejado una defensa sin terminar por la que pasaron millones de litros de agua- ni siquiera atinó a ordenar la evacuación de la ciudad.
El resultado fue que hubo más de 130 mil evacuados, 15.000 viviendas destruidas y más de un centenar de víctimas fatales por causas directa e indirectas.

Llenar los accesos y egresos de barrios pobres con policías no reduce el delito, todo lo contrario, al colocar en las barriadas contingentes de fuerzas violentas y corruptas como lo son la bonaerense y gendarmería aumentarán de manera directa los casos de gatillo fácil y abuso de autoridad y, de manera indirecta pero mucho más certera, fortalecerá la fusión de las fuerzas de seguridad -proveedores de zonas liberadas y armamento- con los dueños de la droga -quienes casualmente no viajan en bondi, ni viven en villas-.

Corría 1978 y Argentina se preparaba para ser la sede del Mundial de futbol. Lo supimos meses antes porque se llevaron compañeras del penal de Devoto. Un frío corrió por nuestras espaldas. ¿A dónde? ¿Para qué?. Éramos unas 800 presas políticas de la dictadura militar, distribuidas en dos edificios, uno de 3 pisos con hasta 7 pabellones y otro de 8 pisos con alrededor de 20 celulares. En los pabellones cabían hasta 30 detenidas. En los celulares, 4 por cada uno en un espacio de 3×2,50 m, con letrina incluida. Allí estábamos encerradas las 24 hs salvo 1 hora de recreo en el patio.

El siguiente texto responde a una visión personal, como su título lo indica, «sobre el progreso, las quemas y una doctrina que nos está exterminando» y es esa visión personal la que nos parece sumamente interesante a la hora de intentar sacar algo en limpio de una realidad que se nos antoja compleja y caprichosa. Fue publicado por su autor en sus redes sociales y le agradecemos el habernoslo hecho llegar, con permiso de publicación. Lo reproducimos tal y como fue compartido.

En ámbitos de la izquierda el acceso de Massa al Ministerio de Economía es leído como un paso más en la sujeción colonial de Argentina a los Estados Unidos. Por ejemplo, en Prensa Obrera se ha afirmado que el nuevo ministro es “agente directo de la embajada de EEUU”; es “un hombre del imperialismo y el capital financiero”; “un alfil de la Casa Blanca” y “un agente de EEUU, la OTAN y el sionismo”.