Por Claudia Korol Publicada en ANRed (¿Quién le teme a Virginia Creimer?: denuncian penalmente a la médica forense – ANRed)

Virginia Creimer fue perito en casos como los de Luciano Arruga, Franco Casco, Facundo Astudillo Castro, Lucía Pérez, María de los Angeles Paris, y hoy de Leandro Bravo, entre muchos otros. Ademas recibió ataques en su domicilio, con abiertas amenazas enviadas por Etchecolatz, quien la denunció cuando ella tuvo la responsabilidad de un informe médico por el cual se le negó al genocida la posibilidad de prisión domiciliaria. Hoy la denuncian penalmente en la justicia penal, en el Colegio de Médicos, en la Facultad de Ciencias Médicas y en el rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, por “calumnias e injurias” contra Darío Amado, ex médico policial, quien fue parte de la conocida asociación criminal conocida como la “Bonaerense”.


A veces no se presta atención a una noticia, hasta el momento en que la misma se vuelve eco de una situación devastadora. Nadie se entera de todas las violencias que sufre una mujer, hasta el momento del feminicidio. Nadie se entera de las muchas vulneraciones que vive una travesti, hasta la hora del travesticidio. Nadie sabe cuánto daño provoca la erosión sistemática y cotidiana de la violencia de género en las víctimas de la misma. Nadie sabe cuánto de disciplinante hay en cada amenaza patriarcal, no sólo para la persona que recibe el agravio, la amenaza, el golpe físico o psicológico, sino para toda la sociedad.

En este caso, el ataque a Virginia Creimer, una mujer fuerte, valiente, valorada profesionalmente por su idoneidad, y llena de coraje para asumir las consecuencias de sus acciones, tiene un tono claro: “no denuncies los crímenes, que te va a ir mal”.

El ex jugador de la bonaerense, Darío Amado, presentó la denuncia penal en el Juzgado Correccional Nº 4 de La Plata, a cargo de la Dra. Claudia Elizabeth Greco. ¿De qué se la acusa? Atención a los feisbuqueros, instagrameros, influencers. Se la acusa de publicar en su muro de Facebook, notas periodísticas que mencionan los delitos que el médico facho cometió. En la notas periodísticas se reforzaba en la información, que debido a esos delitos reconocidos, se exigía que no se le otorgara el cargo de profesor adjunto de la cátedra de Deontología Médica y Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la UNLP, en un concurso en el que competía, precisamente con la doctora Virginia Creimer.

No se olviden de Cabezas

Quien hizo sonar la alarma, para evitar que se le otorgara ese cargo, fue Gladys Cabezas, hermana de José Luis Cabezas, el reportero gráfico asesinado por encargo del empresario Alfredo Yabrán, en la madrugada del 25 de enero de 1997. Amado fue el médico forense que realizó la primera autopsia al cuerpo del periodista. En esa primera autopsia, quedó demostrado que ocultó evidencias y fraguó informes. ¿Cómo puede ser docente, y jefe de cátedra un personaje tan siniestro?

El acusado se volvió acusador, como diciendo: el crimen se puede cometer, pero no se puede comunicar. Demandó por eso a Virginia Creimer, y también a algunos/as periodistas que habían realizado esas notas, acusándola de motorizar una campaña en su contra. En esa línea, todas y todos quienes denunciemos algún crimen, podemos ser acusados por la justicia patriarcal, burguesa, racista.

Pero no es sólo la justicia, también la Universidad de La Plata. Las autoridades de la Facultad de Medicina, quienes no se pronunciaron frente a este hecho, colocaron a Virginia Creimer en una cátedra bajo la autoridad de Amado, quien desplegó desde entonces contra ella una situación de violencia laboral y violencia de género sistemáticas. Este “médico” al que le complace jactarse de poseer cientos de armas de guerra, realizó ataques machistas contra Virginia Creimer, quien tuvo que apelar al gremio docente (ADULP), que la respaldó frente a las autoridades universitarias.

Memoria de dinosaurios

No es la primera vez que Virginia Creimer es agredida. Es que ella camina en el borde mismo del abismo. Todavía se recuerda cuando recibió ataques en su domicilio, con abiertas amenazas enviadas por Etchecolatz, quien también la denunció cuando ella tuvo la responsabilidad de un informe médico por el cual se le negó al genocida la posibilidad de prisión domiciliaria. El torturador, acusó a Virginia Creimer de “torturarlo”, y de “violar su dignidad durante su examen físico”. Claro, él quiso salvarse de la prisión común, alegando problemas de próstata, pero rechazó el ser examinado médicamente.

Revictimizar para vulnerar

La perversidad y la hipocresía de los represores, no tiene límites. Todo el odio del médico Amado, lo llevó a maltratar de manera sistemática a Virginia Creimer. Esta pesadilla no tiene fin. La doctora Greco, titular del juzgado 4 de La Plata donde se presentó la denuncia penal, ignorante tal vez de los protocolos básicos cuando existe violencia de género, o conociendo a los mismos pero prefiriendo ignorarlos, convocó a una audiencia de conciliación entre ambas partes, es decir, entre el violento y la persona violentada, situación en la cual no cabe que puedan juntarse las partes a negociar.

Es imprescindible que las organizaciones de derechos humanos, las colectivas feministas, el movimiento universitario, impidamos que se concrete esa iniciativa “mediadora” con la que se vuelve a vulnerar a Virginia Creimer, y se la coloca en una situación sistemática de amenaza. Vale recordar que ella fue perito en casos como los de Luciano Arruga, Franco Casco, Facundo Astudillo Castro, Lucía Pérez, María de los Angeles Paris, y hoy de Leandro Bravo, entre muchos otros. Quieren destruirla por eso, a fuerza de denuncias, amenazas, violencias. Callarla, estigmatizarla, impedirle el ejercicio de su profesión, es interés de muchos. El ejecutor de la denuncia es Amado. La organizadora del evento judicial de negociación es Greco. Pero el interés de golpear a Virginia Creimer, es de todos los sectores del poder que le temen, porque no transa sus convicciones ni su idoneidad profesional.

Virginia Creimer tiene que saber, por la multiplicación de nuestras voces, que no está sola. La audiencia de conciliación tiene que suspenderse. Y también tienen que suspenderse todas las violencias con las que pretenden desmoralizarla, atemorizarla, herirla.

En este 3 de junio decimos muy fuerte una vez más Ni Una Menos. Y para eso: basta de impunidad del poder policial, judicial, represivo, comunicacional. Si tocan a una, respondemos todas.

3 de junio. Ni Una Menos. Vivas, libres y sin miedo nos queremos.

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