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Kurt Lutman, autor de la nota que compartimos a continuación, jugó al fútbol en Newells, Godoy Cruz y Huracán de Corrientes. Además fue integrante de la Selección sub 17 en el mundial del 93 en Japón. Después deambuló un tiempo por torneos regionales. Trabajó de albañil, en una clínica psiquiátrica y hasta en un circo. Desde 1998 se convirtió en militante de HIJOS Rosario. Desde niño atravesó todas las categorías en Newells (el equipo de sus amores) donde además, su padre fue un reconocido entrenador de inferiores. De ahí fue a préstamo a otros clubes regresando a Newells en 1999 hasta que, en el 2000, fue “expulsado” del club por la mafia que, de la mano de su presidente López, gobernó el «rojinegro» durante 14 años. Amante del futbol, es escritor y ha publicado, además de textos como el que reproducimos, cuatro libros (El agua y el pez, Semillas para barriletes, Vientos que juegan con fuegos y Arco Sur) que reparte por pedido, montado en su bicicleta. Ah… cuando jugaba profesionalmente, casi siempre llevaba bajo su camiseta otra como las que aparecen en las fotos que acompañan la nota.


Por Kurt Lutman

Argentina juega hermoso. Anoche dentro de las casas de este territorio hubo alegría y eso, en estos tiempos es un montón. También podríamos objetar que en territorio hermano colombiano sobrevoló la tristeza, pero todo no se puede.

Messi logra generar situaciones finísimas y descansa. No pelea contra sí mismo. Ya no se sobreexige como en mundiales anteriores y eso para ese muchacho y su vida cargada de demandas constantes, es la conquista. Está en calma como un samurái que sabe que su katana es la más filosa del lugar. Le pegan y no se envuelve en rencores. Juega. Vino a eso. Juega y lo hace desde el respeto contra el adversario. Ellos, se lo reivindican adorándolo en silencio o pidiéndole una foto ya culminada la batalla.

Lo Celso aparece en momentos donde nadie lo espera. La mejor forma de aparecer. Impecable. De Paul, como a Paul Paul McCartney en los Beatles, le sienta bien estar un paso detrás de Lennon. O por si alguien no conoce a los Beatles voy a un ejemplo más tangible. El acordeonista de Los Palmeras un paso detrás de Rubén Deicas, su voz. Hace las veces de puntal y juega un fútbol claro y agradable. Dos funciones distintas complementarias. Ninguna mejor que otra.

La defensa defiende. Gana y pierde en las fricciones y eso está perfecto. Los defensores vinieron a este mundo a ganar y perder mano a mano. Algunos periodistas se horrorizan cuando en el área propia gana de cabeza alguien ajeno. Se les podría decir a estos pelafustanes » y sí flaco, así es el juego, ellos, los de la camiseta distinta también juegan y son panteras (el lomo de los colombianos es tremendo, no sé que morfan estos fulanos).

Lo que me parece fantástico es su intención de salir jugando siempre o casi. Sin terquedades intentan que la redonda de cuero trepe de pie a pié entre los nuestros y eso es coraje. No, pegar un patadón a alguien de espaldas. Coraje es tomar ese riesgo porque la pelota es un regalo, y los regalos no se devuelven.

Argentina eligió la estrategia de golpear (atacar con todo lo que tiene) y replegar. Esto es criticado desde varios sectores pero en la crítica no se contempla el desgaste físico. Más en una competencia corta. Te vas desgastando y necesitas (físicamente) salirte del foco. Por otro lado no se contempla que uno enfrenta a selecciones de primer nivel que despliegan en igual medida un fútbol protagonista. Dos protagonistas que se van turnando al agarrar el micrófono en escena.

Colombia ayer nos podría haber hecho tres goles sin problemas pero los duendes que regulan los resultados no lo quisieron y soy hombre de fe. 7 centímetros es la distancia para que la pelota en lugar de pegar en el palo y salir, pegue y entre. 7 centímetros.

Hasta acá todo bien, nos abrazamos en el triunfo y somos todxs amigxs. Ahora me pongo ortiva y pateo la mesa.

Lo que hizo ayer el arquero de nuestra selección llamado Martínez no se hace. No hablo de atajar los penales, eso sí. De hecho eso debería hacerse más seguido. Hablo de, en nombre de ganar la pulseada mental, insultar, provocar y cancherear su desenlace.

Esto es una conducta antideportiva.

Me voy a ganar el odio de los cafés llenos de muchachos que anteponen el triunfo a la conducta. Donde el «ser pícaros» y sacar ventaja está bien visto. Donde el «ser agresivos con el contrincante y faltarle el respeto «es sinónimo de «personalidad».

Estaría buenísimo que alguien cercano del cuerpo técnico le diga que eso no se hace. Ni boquear ni prepotear. Pero dudo que luego de un triunfo eso se corrija. Ojalá Martínez, quien tiene por delante un futuro amplio y enorme pueda verse en la repetición y no se guste. Ojalá no se tome el berretín de instalarlo como cultura eso de andar, en situaciones definitorias, intimidando y bardeando al adversario, porque «soy pícaro y argentino». Este hecho del arquero es fabuloso para detectar la clase te televisión a la que hoy le abrimos nuestros hogares. Cuenten (con los dedos de una mano) los programas que hoy pondrán en discusión la conducta de Martinez y mañana me contursi. ¿Que fue de la ley de medios?

Me despido. No, no me despido nada. Si me voy a poner en ortiva lo voy a hacer a fondo.

Reivindicar el tobillo lleno de sangre de Messi es exigirles a otros que, lastimados y todo, nos salven. Conducta brava que nos lleva a creer que en nombre de la empresa valen ciertos «esfuerzos». Que porque cumple años la tía, aunque nos duela la cabeza, hay que ir igual, porque somos familia. La épica del tobillo del Diego en el mundial 90´ donde de la inflamación hubo que cortarle el botín para que le entre. El Diego no pudiendo caminar en el 2019 y siendo llevado en carrito porque sus piernas no podían sostenerlo.

Seguramente Messi para llegar al sábado tenga que ser infiltrado. Si les dolió la vacuna ni se imaginan lo que duele una aguja enorme en zona de huesos como el tobillo. Algún día estaría bueno analizar como quedan los cuerpos después de la carrera deportiva de alta competencia. Algún día podríamos analizar también el cuerpo de los albañiles a los 50 años y si esa paga es acorde al deterioro que sufren. O las manos artrósicas de las compañeras en los talleres textiles clandestinos. O los mineros y su pulmón negro. Y así. El fútbol es el espejo en el que nos miramos mientras bailamos fuera de él. En sus tripas está todo.

En cada jugada decido en quien me voy a convertir cuando la jugada termine. La próxima jugada me dará la opción de desarmarme y armarme de nuevo si no me gusto.

Gestos de nobleza. Canchereadas. La amistad y amor puro y el odio visceral de arrojar a alguien de arriba de una tribuna o patearlo en el suelo por llevar otros colores. El arte de descubrir el juego abriendo sus cofres o cerrar los ojos ante cada destello de posibilidad de ser mejores en la tierra por miserables tres puntos o un trofeo.

Se llama fútbol y lo inventaron los dioses para que acá abajo demoremos la muerte.

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