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Desde el estallido social de octubre de 2019, la realidad chilena viene siendo un lugar al que no podemos dejar de mirar. Las entrevistas que aquí presentamos tiene ya algunas semanas, y están situadas en la coyuntura de la elección para alcaldes y constituyentes que se desarrolló el fin de semana del 15 y 16 de mayo. Pero más allá de eso, tienen la virtud de pintar un panorama más amplio de la actualidad de esa rebelión que supo devolvernos las expectativas en una nueva generación que estaba luchando en las calles. Los entrevistados son militantes populares y partícipes de este proceso de ascenso de masas. Nos cuentan, entonces, sobre una realidad de la que son parte.


Entrevistas: Borrador Definitivo RADIO. Edición: Elizabeth Moretti

Las elecciones

Habiéndonos sentido un poco enamorados de la potencia del pueblo chileno movilizado, que se vio a partir de octubre de 2019; de ese pueblo que amenazaba con tomar en sus manos la resolución de cada problema, de cada conflicto. Cierto es que la idea de un evento comicial nos resulta un método muy burgués para coronar ese proceso abierto hace año y medio. Ante esto, Víctor Chávez, militante y periodista de Prensa Digital de Laguna Verde, un pueblo vecino a Valparaíso, nos coloca en contexto, y nos hace sopesar más correctamente la situación:

“Estas elecciones se dan en el marco de un ascenso del movimiento de masas en términos de movilización popular en las calles. Su pico fue el 18 de octubre de 2019, y de ahí en adelante, hay movilizaciones masivas ante cualquier problema de la situación política, económica principalmente, de los sectores de trabajadores y el pueblo pobre a nivel nacional, se manifiestan en las calles”.

Según Víctor, la “seducción democrática”, como él le llama, no está teniendo tanto impacto en el conjunto de los trabajadores y el pueblo en este contexto. Y eso se demuestra en la baja participación que hubo en estos comicios:

“… de 17 millones de personas habilitadas, votó cerca del 37% de la población, la más baja participación de todas las elecciones que ha habido en el país. Y si se compara con la elección del plebiscito de año pasado, donde se votó Apruebo o Rechazo, la participación esa vez fue del 50,7%. Entonces, si nosotros le agregamos ese elemento de más de un 60% de personas que no le creen al sistema, que no cayeron en el tema, también hay un cuestionamiento al sistema democrático burgués chileno”.

Uno de los personajes habituales de las jornadas del 2019 en Plaza Dignidad, yendo a votar.

Daniel es de Santiago, pero actualmente está viviendo en el extremo sur chileno. Para él, las razones del abstencionismo son más diversas y contradictorias, en un país donde las elecciones cuentan, históricamente, con una baja participación:

“Primero conjuga en lo que yo pienso que hay un desgaste en el pueblo, en las masas, de meter demasiadas elecciones en un corto tiempo; hay un desgaste psicológico y social, que tiene que ver con el efecto de la pandemia. Y hay algo de no asistir a votar, por los sectores más encarnizados, más marginales, anarquistas. Y también existe el otro elemento que es la flojera política, que sabiendo que es importante ir a votar, no lo hago, porque hay poca movilización, porque en muchos sectores del país es muy difícil movilizarse en un día festivo para poder ir a votar, como por ejemplo aquí donde yo vivo”.

Pero para ninguno de los dos, esto puede empañar la significativa derrota que los resultados significaron para la derecha y el conjunto del régimen. No sólo el partido de Piñera no logró la tercera parte de los constituyentes que le permitiría tener poder de veto, sino que la debacle alcanzó también a los partidos tradicionales de la concertación, como la Democracia Cristiana, el PPD (que se autodefine de centroizquierda), el Partido Radical (liberal y laicista), el Partido Socialista. Víctor agrega más: todas las instituciones estatales quedaron profundamente heridas después de la revuelta del ‘19. No sólo la figura presidencial, que medía una adhesión popular de apenas el 6%. También los partidos políticos tradicionales (2%), el congreso (3%), o la corte suprema (4%).

Esto lleva a una conclusión en la que ambos coinciden: el centro político chileno, se corrió notablemente hacia la izquierda.

Los “ganadores”

Este grupo es, sin embargo, heterogéneo. En primer lugar están aquellos a quienes Víctor define como los nuevos representantes de la socialdemocracia chilena: el Partido Comunista y el Frente Amplio.

“El Parido Comunista sacó la victoria electoral más importante durante de los últimos 40 años en Chile (desde el gobierno de la unidad popular que el pc no tenía una presencia importante). Logró ganar la alcaldía de Santiago, la comuna más importante del país. Sacaron primera mayoría de constituyentes en el norte del país, ganaron otras comunas en la región metropolitana.

Ellos tienen un peso cualitativo, desde el punto de vista legal, el PC es el partido con más militantes en todo Chile. Se ha sabido adaptar al régimen burgués y por lo tanto, sobrevive con un discurso ultraizquierdista. Pero a la vez tiene inserción real en el movimiento de masas. El PC sigue siendo un partido de base de trabajadores y de jóvenes, no es de intelectuales. Por lo tanto con esto se prestigian, pero a la vez coquetean con el ala de la derecha de la ex nueva mayoría, que es con el sector del PPD y la Democracia Cristiana, para imponerles ciertos criterios para algunos acuerdos, de cara a las elecciones presidenciales”.

Los resultados de la constituyente. Del Facebook: Prensa Digital de Laguna Verde.

Pero por fuera de estos partidos que, aún con un discurso combativo, siguen formando parte de la institucionalidad burguesa, y están comprometidos con la mantención de la paz social, hay otros sectores que, como señala Daniel, hace años eran completamente extraparlamentarios (sectores trotskistas, independientes, ambientalistas, militancia de género, sectores de las bases obreras organizadas), y que significan la verdadera e inesperada irrupción en esta elección. Estos sectores están agrupados, en su mayoría, dentro de la llamada Lista del Pueblo y, con sus diferencias, son los verdaderos hijos de la rebelión de octubre del ‘19 y de las asambleas territoriales que por ella nacieron.

De esta lista, Víctor destaca dos organizaciones trotskistas revolucionarias: el PRT y el MIT. Nos dice:

“Ambas organizaciones se plantearon el derrocamiento del gobierno de Piñera, la libertad inmediata de los presos políticos, que había que expropiar a la burguesía. Entonces hay en el ambiente una propuesta diferente y que caló. Lo que significa que las propuestas de transformación real calan en un sector del movimiento de masas movilizado y organizado en nuestro país. Entonces eso hace un desafío, pero también está el desafío de aquellos que con organizaciones de carácter regional, levantaron listas y también arrasaron en esta elección, y con posturas de izquierda, cuestionando el modelo económico”.

Claramente, como señala Víctor, los desafíos son muchos de aquí en adelante. Y no son desdeñables, tampoco, los conflictos y tensiones que se darán, indudablemente, dentro de este amplísimo sector que hemos calificado (quizás un poco sombríamente) como “los ganadores”. Así lo expresa Daniel:

“Dentro de la misma izquierda, el Frente Amplio y el PC piensan hoy en día, que la lucha principal es solamente electoral. Y hay un sector que tiene que ver con la Lista del Pueblo, donde hay de todo un poco de conglomerados sociales, bases populares organizadas, que está dando una manga para decir que la lucha la vamos a definir en ambos lados, tato en la calle como en las urnas. Un poco al estilo marxista-leninista de decir: la lucha parlamentaria y la lucha popular. Pero creer que una forma anula a la otra, yo creo que eso también puede llevar al suicidio de la izquierda en general.

La Lista de Pueblo es una lista conformada por distintos dirigentes, políticos sociales, de diferentes expresiones pequeñas. Pero si esta lista no es capaz de generar un instrumento orgánico para el futuro, para el cambio, se muere ahí. O sea que esta Lista del Pueblo, que realmente arrasó, debería saber generar un movimiento muy amplio del pueblo y de las y los trabajadores, un movimiento popular”.

Por fuera de esto, están las listas de pueblos originarios, que conquistaron 17 constituyentes, emplazando a históricos luchadores y referentes políticos y tradicionales de la nación Mapuche, como la Machi Francisca Linconao y otros dirigentes comunales, con amplia tradición en la lucha por la recuperación del territorio, expropiado por el estado chileno y los latifundistas. Una expresión electoral de un movimiento que ni la criminalización ni la represión feroz por parte del estado, han podido frenar, y que cada día avanza en su organización a nivel nacional.

Las presidenciales

Hay otro factor importante por el que esta derrota es aún más cara a la derecha y el conjunto del régimen. En noviembre de este mismo año, hay en Chile elecciones presidenciales, y toda la burguesía ve estos comicios como un espejo que adelanta. El lunes posterior a las elecciones, de hecho, la bolsa de valores de Santiago cayó estrepitosamente y el peso chileno se devaluó.

“Hay un funeral político -dice Daniel- desde la Democracia Cristiana hasta lo que es toda la corriente de la derecha y la ultraderecha. Y eso es indesmentible. De hecho la derecha le pide a Piñera que no salga a hablar más en televisión porque los perjudica. Esperemos que estos votos se traduzcan en una masividad electoral para la presidenciable. Porque con este nivel de votos no sé si podría ser factible que saliera electo el candidato del PC”.

Víctor lo mira desde otro punto de vista:

“Creo que ha sido importante este giro porque descompone los planes del imperialismo. Porque éste pasa a ser un gobierno inestable, y el que asuma, va a ser otro gobierno inestable. Porque va a estar la presión de la calle, que es a lo que se está jugando un sector de la Lista del Pueblo, y eso es lo más interesante”.

El factor de la calle

La última reflexión de Víctor en el apartado anterior, nos da el paso para el último tema sobre el cual queremos meditar en esta nota. Si decimos que este proceso electoral es hijo directo de la revuelta iniciada en 2019. También debemos decir que todo lo que con él se pueda avanzar, dependerá exclusivamente de cuánto se mantenga la movilización y la organización popular.

Razones sobran. Como en el resto de Latinoamérica, en Chile se está viviendo al día de hoy, una crisis económica que golpea especialmente duro a los sectores populares. La dura pelea dada por los sectores sindicalizados el año pasado por el retiro del 10% de los fondos de pensión, fue una clara muestra de ello. Esto sumado a los constantes intentos de la burguesía de imponer reformas laborales que precaricen aún más a las y los trabajadores y les arranquen los pocos derechos laborales que aún persisten. Todo esto en un contexto de aumento histórico del precio del cobre (el producto exportable por excelencia de Chile). De lo que los sectores populares, por supuesto, no vienen obteniendo ningún beneficio.

En ese sentido, el 2019 dejó algunos retoños que mantienen su vigencia y actualidad: las asambleas y la primera línea de combate contra la represión. Víctor nos cuenta sobre cómo se fueron desarrollando estos espacios:

(En la Primera Línea) ha crecido una organización, se está gestando una organización. Ya no se pelea en Plaza Dignidad pero se pelea en otros lados. En la zona sur, en la zona norte. Ante cualquier problema, salen a la calle, protestan y hay enfrentamientos. Es sumamente interesante. Deciden en una asamblea dónde van a hacer la barricada, y ya no es la barricada aislada, empieza a formarse una organización, se despertó el nivel de conciencia. Además la primera línea no solamente eran quienes se enfrentaban a carabineros, sino que también eran las brigadas de salud que, hasta el día de hoy, siguen activas en diferentes poblaciones.

Muchas de las organizaciones que se empezaron a ver alrededor del conflicto, algunas se potenciaron, han crecido, y se crearon otras, y eso es tremendamente interesante porque además se están coordinando.

Y las asambleas se reactivaron porque a todos los que les interesaba la cuestión electoral las reactivaron. Entonces también suele suceder que hay un sector que participa de esa organización y se resta de eso. Eso es muy dinámico, tiene sus altos y sus bajos, pero también tiene un desarrollo. Y ese desarrollo no ha sido controlado ni por la socialdemocracia ni por el PC. Entonces están a la izquierda de ellos, y eso es lo más interesante, porque hay posiciones de carácter clasista, internacionalista. Hay definiciones más claras, entonces es un embrión interesante”.

Por parte de la clase obrera, la participación es más escaza. Víctor marca que la mayoría de trabajadores precarizados han participado en los combates en Plaza Dignidad y en otros lados, pero de forma territorial. Esto es: sin organizaciones propias que los representen en su carácter de trabajadores.

“Entonces está lejos el movimiento obrero de ser una organización más decisiva. Está amarrada por una burocracia sindical que ha hecho mucho daño en nuestro país” –completa-.

Pero además de los reclamos de índole económica, están los que tienen que ver con las violaciones a los Derechos Humanos ejercidas por el gobierno de Piñera a partir de la revuelta, y con el reclamo por la libertad de las y los presos políticos de la revuelta y de la Nación Mapuche. Todos estos reclamos, como dice Daniel, “no entran en la urna”, y habrán de resolverse en la lucha callejera. Pero también influirán directamente en definir hasta dónde podrá profundizarse el cambio constitucional.

Terminamos entonces, donde comenzamos. Por definición, ningún proceso electoral puede garantizar una victoria a los trabajadores y las clases populares. La movilización y organización de las bases, será lo que defina el camino a seguir. Con el despertar colombiano, quizás se abra una nueva etapa de movilización en Latinoamérica. Continuaremos, dentro de nuestras posibilidades, informando y promoviendo debates sobre esta (aparentemente) nueva dinámica.

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