Presentación y traducciones: Rossoinero
Imagen: Disparition de Boushra Yahya Almutawakel

Artículo publicado en castellano por Escritos para la emancipación

Publicamos una entrevista con el sociólogo iraní-estadounidense Asef Bayat alrededor del levantamiento en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini.

Por no usar “correctamente” el hiyab, el 16/9/2022 en Teherán la joven iraní de origen kurdo Mahsa Amini fue detenida, golpeada y muerta por el Estado. La entrevista fue publicada originalmente en idioma persa el 10/10/2022 y en inglés el 26/10/2022: nosotros tomamos esta última versión y la tradujimos al castellano.

Asef Bayat acuñó el término “no movimientos” para referirse —aunque no exclusivamente— a los levantamientos conocidos como “Primavera Árabe” acontecidos aprox. entre 2010 y 2013 en el norte de África y suroeste de Asia. Dado que el término “no movimientos” es mencionado por Bayat en la entrevista, dejemos en boca de su autor el alcance de dichas palabras entrecomilladas:

Permítanme decir que por “no movimientos sociales” me refiero, en general, a la acción colectiva de actores dispersos y no organizados. Entre ellos se encuentran los no movimientos de pobres para reclamar derechos sobre el espacio y los servicios urbanos; los no movimientos de los jóvenes para reclamar su juventud, es decir, para hacer realidad sus estilos de vida deseados y satisfacer sus individualidades; y los no movimientos de las mujeres para luchar por la igualdad de género, ya sea en su estatus personal o en su presencia activa en la esfera pública. Estas prácticas reivindicativas se llevan a cabo principalmente a través de acciones directas en vez de presionar a las autoridades para que cedan, algo que suelen hacer los movimientos sociales organizados de forma convencional (como los movimientos laborales o medioambientales). En cierto sentido, los no movimientos surgen como una estrategia no articulada para reducir el costo de la movilización en condiciones represivas. También pueden surgir bajo gobiernos no represivos pero insensibles (como en India o Turquía) cuando las protestas colectivas y abiertas de los grupos subalternos no son escuchadas por autoridades y adversarios.

Ahora bien, en el mundo árabe estos “no movimientos” de los que hablo no tenían realmente el objetivo político de derrocar regímenes represivos o de impulsar reformas políticas. Su preocupación, más bien, consistía en mejorar las oportunidades de vida de los actores. Los levantamientos árabes tenían una lógica y una dinámica muy diferentes. Pero los actores de estos no movimientos se convirtieron probablemente en parte de estos levantamientos. El vínculo entre los no movimientos y el episodio de los levantamientos radica en el hecho de que los “no movimientos” mantienen a sus actores en un estado constante de movilización, aunque los actores permanezcan dispersos o sus vínculos con otros actores sigan siendo a menudo (pero no siempre) pasivos. Esto significa que cuando sienten que hay una oportunidad, es probable que forjen protestas colectivas concertadas, o que se fusionen con una movilización política y social más amplia. Aunque todavía estoy investigando esta cuestión, parece que existen pruebas de que los “no movimientos” de los pobres y los jóvenes asumieron la forma de una contención colectiva más concertada a raíz de los levantamientos árabes, y se convirtieron en parte de su dinámica. (The Urban Subalterns and the Arab Uprisings: An Interview with Asef Bayat, Jadaliyya, 26/3/2013, traducción de Rossoinero.)

Al día de hoy, según la ONG Iran Human Rights, en Irán murieron 342 personas durante las manifestaciones de protesta que se suceden desde que se conoció la muerte de la joven (Infobae —con información de la Agencia EFE—, 20/11/2022). A estas muertes hay que sumarles detenciones, torturas, enjuiciamientos y condenas: de acuerdo con organismos internacionales de derechos humanos, hay más de 15000 personas detenidas, cinco de las cuales fueron sentenciadas a la pena de muerte (Newtral, 17/11/2022). En términos cualitativos, recientemente el levantamiento alcanzó una nueva cota: el 17 de noviembre la casa natal (convertida en museo) del ayatolá Ruhollah Jomeini —uno de los líderes más conocidos de la República Islámica de Irán nacida en 1979— fue incendiada por manifestastes (ABC —con información de la Agencia AFP—, 20/11/2022).

Quienes estén interesadxs en aspectos teóricos (de los que se derivan prácticas —estrategias, tácticas— políticas) vinculados a esta época de levantamientos, revueltas y rebeliones recomendamos la lectura de Onward Barbarians del grupo End Notes y la entrevista con el grupo italiano Wu Ming Reductio ad Hitlerum publicada en el blog de Emancipación.


Buenos Aires, 20/11/2022

Ha nacido un nuevo Irán – Un Irán global

Entrevista con Asef Bayat, publicada por New Lines Magazine
Link a la publicación original: https://newlinesmag.com/argument/a-new-iran-has-been-born-a-global-iran/
Traducción: Rossoinero

New Lines publica por primera vez, en traducción al inglés, una entrevista con el académico Asef Bayat, ampliamente compartida por los iraníes y ahora prohibida por las autoridades de Teherán.

Asef Bayat es autor y profesor de sociología y de estudios de Oriente Medio en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Nota del editor: La siguiente entrevista con Asef Bayat fue publicada en persa el 10 de octubre por el diario Etemaad de Teherán. Poco después de su publicación, las autoridades iraníes ordenaron al periódico que retirara la entrevista de su sitio web. La entrevista ya se había hecho viral en Irán y en el extranjero, y varios otros medios que la habían republicado se vieron igualmente obligados a despublicarla. No sabemos qué razones, si es que hay alguna, dieron las autoridades para la prohibición; tal vez se debiera al análisis realizado por Bayat, un respetado estudioso de los movimientos sociales y las revoluciones e influyente dentro los círculos intelectuales y políticos de Irán. Múltiples sitios web de Irán siguen publicando la entrevista. La prohibición fue comunicada por primera vez por la emisora online Radio Farda. En los días siguientes, la entrevista se compartió en decenas de miles de mensajes en las redes sociales entre los iraníes de todo el mundo. Aquí se publica por primera vez traducida al inglés.

Para empezar, Dr. Bayat, ¿sigue lo que está pasando en Irán?

Bueno, ¿cómo no iba a hacerlo? Sí, sigo los acontecimientos muy de cerca, tanto como iraní muy preocupado por la situación actual del país como por haber estudiado el desarrollo sociopolítico de Irán y de la región en su conjunto. De hecho, en estos momentos críticos, los ojos y los corazones de millones de iraníes en la diáspora se dirigen a Irán. Es como si hubiera nacido un “nuevo Irán”, un “Irán global”, un colectivo de personas diversas que están separadas por la geografía pero que están muy unidas en sentimientos, en preocupaciones y en sueños.

En su opinión, ¿cómo podemos entender esta ola de protestas? ¿Podemos entenderla en términos de movimiento?

Como las cosas todavía se están desarrollando y son fluidas, es difícil dar una respuesta definitiva. Pero parece bastante diferente de lo que hemos visto antes. Es algo nuevo. Sólo hay que recordar la revuelta verde de 2009: fue un poderoso movimiento pro-democrático que quería un gobierno responsable. Fue en gran medida un movimiento de la clase media urbana moderna, aunque también lo apoyaron otras personas descontentas. Luego, tuvimos el levantamiento de 2017, en el que diversos grupos sociales —como los trabajadores no remunerados, los acreedores, los agricultores afectados por la sequía y otros— se levantaron en protesta simultáneamente en todo el país, pero cada uno planteó sus propias demandas sectoriales. El levantamiento de 2019 fue más allá, en el sentido de que diferentes grupos de protesta, en particular los pobres y la clase media pobre, mostraron un buen grado de unidad. Sus reivindicaciones centrales se referían a cuestiones económicas y del costo de vida. Los manifestantes, procedentes en su mayoría de las zonas marginales de las ciudades y las provincias, aplicaron tácticas bastante radicales.

El actual levantamiento ha ido más allá. Ha reunido a la clase media urbana, la clase media pobre, a los habitantes de los barrios marginales y a personas con diferentes identidades étnicas —kurdos, farsíes, turcos azeríes y baluchíes—, todos bajo el mensaje de “Mujer, Vida, Libertad”. Es significativo que se trate de un levantamiento en el que las mujeres desempeñan un papel fundamental. Estas características distinguen este levantamiento de los anteriores. Da la sensación de que se ha producido un cambio de paradigma en las subjetividades iraníes; esto se refleja en la centralidad de las mujeres y su dignidad, que se relaciona más ampliamente con la dignidad humana. Esto no tiene precedentes. Es como si la gente estuviera recuperando sus vidas arruinadas, su juventud periclitada, su alegría reprimida y una sencilla existencia digna que se les ha negado. Se trata de un movimiento para recuperar la vida. La gente siente que una vida normal les ha sido negada por un régimen de ancianos clérigos. Sienten que esos hombres, al parecer tan separados de las personas, han colonizado sus vidas.

Reclamar la vida es una noción poderosa. Su profundidad se refleja en el célebre poema del poeta tunecino Abu al-Qasim al-Shabbi que todo revolucionario árabe conoce de memoria: “Si un día el pueblo reclama la vida, el destino tendrá que responder”. En este levantamiento, reclamar la vida se ha convertido en una reivindicación universal. Vemos que, en términos de subjetividad de los pueblos, fueron constituidos un “dolor colectivo” y una reivindicación colectiva que ha llevado a diversos grupos sociales no sólo a sentirla y compartirla sino también a actuar en consecuencia. Con la emergencia del “pueblo” —un supercolectivo en el que las diferencias de clase, género, etnia y religión desaparecen temporalmente en favor de un bien mayor—, el levantamiento parece haber entrado en un tipo de episodio revolucionario.

Usted examina los movimientos sociales y los levantamientos, especialmente en Oriente Medio. ¿Se ha encontrado con algún movimiento similar al que ocurre ahora en Irán?

Existen similitudes entre el actual levantamiento en Irán y los levantamientos de la Primavera Árabe, especialmente en cuanto a la chispa inicial y el comienzo de las protestas callejeras. La autoinmolación de Mohamed Bouazizi en Túnez por la opresión que sufría y el asesinato de Khaled Said en Egipto como consecuencia de la tortura policial encendieron los levantamientos generalizados en cada uno de dichos países. Tras estos levantamientos, Zine El Abidine Ben Ali fue destituido del poder en 28 días y Hosni Mubarak en 18 días. Bouazizi y Said encarnaban la opresión que sentían muchos tunecinos y egipcios. El respeto a la dignidad humana es algo que comparten los manifestantes iraníes y los de Túnez y Egipto. Pero también hay diferencias significativas. En Irán, debido a los intentos de colonizar lo cotidiano, la brecha y el conflicto entre la mayoría de la gente y el régimen clerical es mucho más amplia y profunda que en Túnez o Egipto. A diferencia de Túnez o Egipto, en Irán la vida cotidiana e incluso la vida privada de las personas (especialmente de las mujeres) han sido objeto de una asfixiante vigilancia ideológica y política. De hecho, el único sistema de vigilancia comparable al de Irán es el régimen talibán de Afganistán. Incluso los gobernantes tiranos de Arabia Saudita han empezado a reformar el sistema wahabí de control de la vida pública de la población. Pero la diferencia clave entre el actual levantamiento de Irán y los de los países árabes es el reconocimiento de la mujer como “sujeto” transformador y la “cuestión de la mujer” como foco estratégico de la lucha. El llamamiento general a “Mujer, Vida, Libertad” ha hecho que el actual movimiento de protesta en Irán sea bastante singular.

Lo que sorprende a muchos observadores es la presencia de jóvenes y adolescentes en las calles. Antes se pensaba que esta generación más joven era muy apolítica, egocéntrica, despreocupada y sin ideales, incapaz o reacia a cualquier acción política, pegada a Internet y a los juegos online. ¿Cómo valora la presencia de esta generación en las calles?

La gran presencia de jóvenes en las calles durante el levantamiento puede resultar sorprendente, pero no fue inesperada. Básicamente, la juventud y la política juvenil son muy fluidas y fluctuantes. Podemos ser testigos de su asombroso activismo y luego ver su desánimo, pasividad e indiferencia en otras ocasiones. Pero hay una lógica detrás de este comportamiento. En general, la “predisposición juvenil” —es decir: la capacidad física, la agilidad y la energía de los jóvenes, su orientación hacia el futuro y su educación—, así como su “irresponsabilidad estructural” (a diferencia de los adultos y los padres), se avienen a una clara propensión a la política callejera y al activismo radical. En la revolución tunecina, más del 28% de los jóvenes (de 15 a 29 años) participaron en el levantamiento, lo cual es extraordinario; normalmente entre el 1% y el 8% de la población de un país participa en las revoluciones. Pero la posición subordinada de los jóvenes en la estructura de poder (en cuya cúspide suelen estar los hombres de edad avanzada) les impide participar efectivamente en la toma de decisiones bajo el argumento de que son inexpertos y emocionales y deben seguir a sus mayores (las mujeres jóvenes sufren especialmente este trato). Este tipo de actitud patriarcal hace que los jóvenes se sientan desanimados, desilusionados y resentidos con los políticos y la «política», de manera tal que se trasladan a su propio mundo, donde se esfuerzan por crear espacios de autoexpresión y autoempoderamiento, ya sea en la creatividad artística y técnica, en la creación de futuro, en la ruptura de las normas o en las actividades delictivas. Analizo las modalidades de la política juvenil, la política de las mujeres y la política de los pobres en tiempos revolucionarios en mi último libro, Revolutionary Life: The Everyday of the Arab Spring.

Obsérvese que, en el caso de Irán, durante unas pocas elecciones presidenciales y parlamentarias a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 en las que hubo cierta competencia y esperanza de cambio, los jóvenes fueron sumamente activos. Pero cuando sintieron que las elecciones estaban amañadas y no había esperanza de cambio se refugiaron en su propio mundo, en grupos de amigos, en Internet y en sus “no movimientos” para realizar su estilo de vida y encontrar una forma de asegurar la transición a un futuro adulto. Conectarse a Internet no significa sólo jugar. Se exponen al mundo, aprenden nuevas habilidades y estrategias de lucha, aprenden nuevos valores y conocimientos, aprenden lo que existe en el mundo y crecen para comprender lo mucho que les privan. Y todo esto hace que los jóvenes estén cada vez más enajenados y separados del mundo de la vida y de la ideología prohibicionista del gobierno clerical. Hoy en día esta brecha es tan profunda, que es como si los gobernantes y los jóvenes (la mitad de ellos mujeres) vivieran en planetas diferentes. Así que no es de extrañar que el no movimiento de los jóvenes y adolescentes se haya fundido en una agitación política generalizada en la que los jóvenes, gracias a la “predisposición juvenil”, están desempeñando un papel más radical.

Pero debo enfatizar que, pese a su asombrosa presencia y desempeño en la política callejera, la extraordinaria juventud —y para el caso cualquier otro grupo o clase social— por sí sola nunca podrá crear un avance político. El avance sólo se produce cuando las personas comunes y corrientes de diversos grupos sociales —incluyendo mujeres, hombres, ancianos, niños, abuelas de sectores tradicionales o modernos— dicen presente en las calles y callecitas de los levantamientos. Aquí, la “calle” se convierte en el espacio beligerante de la mayoría social que exige una transformación política. Sin embargo, es innegable que a menudo son estas personas jovencísimas —mujeres y varones— quienes inician las protestas. Son ellos los que inyectan sangre nueva en el cuerpo del movimiento en tiempos de silencio y desesperanza, aportando energía y vida nueva para que el movimiento viva y continúe.

Otro punto clave en estas protestas es la notable presencia de mujeres. Sabemos que el motivo principal fue la muerte de una joven tras ser detenida por la denominada policía moral o patrulla de orientación [Gasht-e Ershad]. La destacada presencia de mujeres, que suscita un amplio apoyo internacional, ha llevado a muchos a considerarlo un movimiento feminista. ¿Cómo valora el papel y la presencia de las mujeres en estas protestas?

Como mencioné anteriormente, la centralidad de la mujer como “sujeto” y la “cuestión de la mujer” como punto focal han distinguido ampliamente esta agitación de otras. Aunque el patriarcado sigue siendo una característica de muchos gobiernos seculares, el gobierno religioso [en Irán] ha sido extraordinariamente patriarcal y misógino, tanto ideológica como estructuralmente. Por eso no es de extrañar que la resistencia y la oposición de las mujeres comenzaran desde los primeros días después de la revolución de 1979. Durante décadas, las mujeres iraníes han continuado su resistencia en la práctica de la vida cotidiana, desplegando su “arte de la presencia” en público y a través de sus no movimientos y de la invasión silenciosa para hacer retroceder al patriarcado y la misoginia[*]. Siempre que tuvieron oportunidad han tratado de organizarse y construir campañas colectivas, pero el régimen ni siquiera podía tolerar que las activistas celebraran reuniones en sus propias casas.

La policía moral y las fuerzas de seguridad han humillado, amenazado y detenido a millones de mujeres en las calles y en instituciones estatales. Según un informe policial de 2006, durante los ocho meses que duró el asalto a las “malas hijabis” [mujeres que llevaban pañuelos sueltos en la cabeza], 1,3 millones de mujeres fueron detenidas en las calles y citadas formalmente. Al año siguiente, durante una campaña de tres días, se detuvo a más de 150.000 mujeres. Estas agresiones recordaron a los iraníes las imágenes del ejército israelí humillando a palestinos. Pero la resistencia y la invasión silenciosa o el no movimiento de las mujeres iraníes continuaron. En el proceso, han establecido nuevas normas en la sociedad y nuevas realidades sobre el terreno, como la presencia pública y el hiyab como una cuestión de elección y no de obligación. Y ahora ese mismo no-movimiento, mediado por el asesinato de una de esas mujeres, Mahsa Amini, ha dado lugar a un extraordinario levantamiento político en el que las mujeres y su dignidad —de hecho la dignidad humana en general— han ganado un destacado lugar.

Pero este levantamiento no se limita a la “cuestión de la mujer”. El carácter abarcador de este movimiento de protesta ha ido más allá de las mujeres. Ha abarcado a muchos otros grupos y clases sociales, religiosas y étnicas que se ven despojados, rechazados y oprimidos. Existe el sentimiento de que la emancipación de la mujer abre el camino a la emancipación de todos, incluidos los hombres y los despojados. En otras palabras, los manifestantes parecen compartir ahora un dolor común y la comprensión de un bien mayor que une a todos los manifestantes. Parece que “Mujer, Vida, Libertad” representa ese bien universal.

El eslogan más importante escuchado estos días es “Mujer, Vida, Libertad”, que ha resonado en todo el mundo. Algunos lo consideran vago y general, y no creen que tenga un tono positivo específico. Pero muchos lo califican de eslogan progresista centrado en los valores de la vida. ¿Cuál es su opinión sobre este eslogan?

La ambigüedad y la generalidad son las paradojas de la mayoría de los movimientos revolucionarios. Porque, por un lado, la ambigüedad y la generalidad aseguran la unidad y, por tanto, el poder de un movimiento revolucionario: esto es una condición para la victoria. Por otro lado, la precisión, los detalles y las diferencias de interpretación y expectativas desaparecen bajo un eslogan tan general sólo para emerger después de la victoria. Es en esta fase cuando los conflictos de significados y expectativas y, en consecuencia, los enfrentamientos políticos alcanzan su punto álgido. Este es un dilema que necesita ser abordado.

Por ejemplo, si se quiere establecer una política democrática, tal vez se pueda llegar a un consenso mediante negociaciones. Esta es una observación general. Pero en el caso de Irán, todavía no sabemos cuál será el futuro de este levantamiento. Parece que actualmente se están llevando a cabo algunos debates sobre estas cuestiones, que pueden ser útiles si van acompañados de buena voluntad. Creo que el eslogan “Mujer, Vida, Libertad” tiene la capacidad de abarcar las aspiraciones de diversos sectores despojados, rechazados y oprimidos de la sociedad [iraní]. La centralidad de la mujer está asociada al viejo dicho de que “la libertad de una sociedad no es posible sin la libertad de sus mujeres”. La relación entre la mujer y la vida es innegable si tenemos en cuenta que las mujeres no sólo hacen surgir la vida, sino que también la mantienen al realizar dos tercios del trabajo en el mundo actual. Por último, el sentimiento universal de “reclamar la vida” en todas sus dimensiones culturales, sociales, económicas y políticas está en el centro de este eslogan. Y, por supuesto, está claro que “reclamar la vida” sólo se puede realizar emprendiendo una seria transformación estructural.

Una de las características de la sociedad iraní es la acumulación de diversas demandas políticas, sociales, económicas y culturales desatendidas que, en momentos como este, confluyen. ¿No es preocupante esta multiplicidad de demandas? ¿No aleja a un movimiento social de su objetivo principal?

No lo creo. De hecho, la multitud de demandas y expresiones de esperanzas y sueños son marcadores de un episodio de luchas sociales que buscan la transformación estructural. Ningún grupo social —trabajadores, pobres, clase media, mujeres o jóvenes— puede, por sí solo, cambiar el equilibrio de poder entre la opinión pública disidente y el régimen. Las verdaderas transformaciones políticas siempre se han logrado mediante la coalición de diferentes grupos y clases sociales despojados, rechazados y oprimidos. Por lo tanto, la cuestión no es si la acumulación de demandas políticas, sociales, económicas y culturales desatendidas tendrá efectos negativos en el proceso de lucha. La cuestión es cómo articular esas demandas desatendidas en el marco de una reivindicación compartida, amplia, sencilla y comprensible con la que se puedan identificar esos colectivos que sufren y con cuyo lenguaje puedan hablar.

Esta es la expresión misma del “bien mayor” global que he señalado antes. Sobre esta base, por ejemplo, el lema “Mujer, Vida, Libertad” debería articularse de manera tal que los diversos grupos implicados pudieran sentir e interiorizar su resonancia, haciendo hincapié en que la realización de dicha reivindicación colectiva requeriría profundos cambios políticos, sociales y económicos.

A algunos analistas les preocupa que los acontecimientos actuales vayan en una dirección que amenace la integración y la paz y la estabilidad del país. ¿Cuán probable cree que sea esto?

No estoy muy seguro de la base de estos análisis, ni de la gravedad de este riesgo, pero hay que abordarlo. En general, cualquier movimiento poderoso está bajo la amenaza del abuso. Los oportunistas de aquí y de allá o del extranjero intentan utilizarlo en su propio beneficio, pueden reivindicarse como sus líderes, o expresar su apoyo por motivos ulteriores. ¿Quién cree realmente que una persona como [el expresidente de Estados Unidos] Donald Trump, y mucho menos [el príncipe heredero] Mohammed bin Salman de Arabia Saudita, quieren la democracia en Irán? Ellos mismos son graves amenazas para la democracia en sus propios países. Afortunadamente, el movimiento de “Mujer, Vida, Libertad” parece mostrar suficiente capacidad y conciencia política para no prestar atención a esos juegos políticos y continuar su camino confiando en el poder de la gente. De hecho, en los últimos años, Irán no había visto una convergencia tan grande de diversos grupos, etnias y clases sociales; parece que ha nacido un nuevo “Irán”. Por supuesto, también habrá quien atribuya la disidencia y las protestas a intrigas y conspiraciones extranjeras. Estas afirmaciones no son nuevas ni específicas de Irán. Mubarak y sus partidarios también atribuyeron el movimiento revolucionario egipcio a la conspiración extranjera, al islamismo y al extremismo, pero la realidad fue muy diferente.

¿Cómo valora el futuro de este movimiento? ¿Qué escenarios o posibilidades imagina?

Predecir el futuro de este episodio es muy difícil porque depende de muchos factores. Depende de preguntas para las que no tenemos respuestas. Por ejemplo, no sabemos hasta qué punto el régimen recurrirá a la violencia generalizada para sofocar las protestas callejeras o las huelgas. Si la estrategia del régimen es recurrir a la violencia pura y dura, ¿cuál será la indignación moral de la gente común y de los operadores del sistema, como son las fuerzas de seguridad? ¿Cuáles serán las posiciones de las élites tradicionales, los líderes religiosos, los ayatolás o los políticos moderados? ¿Responderán estas élites y hombres de religión al llamado de la conciencia? Todavía no sabemos qué camino tomarán el campo reformista y sus líderes. La tragedia de muchos reformistas en este momento es que ni pueden realizar reformas (porque han sido expulsados del poder) ni entrar en una dinámica revolucionaria (porque se sienten reformistas por definición, no revolucionarios). Este triste estado de parálisis tiene que ver con su enfoque dogmático, estático y ahistórico de los conceptos y estrategias del cambio sociopolítico. Como si un reformista debiera seguir siendo reformista hasta el final de su vida y un revolucionario estuviera destinado a seguir siendo revolucionario para siempre, independientemente de lo que ocurra sobre el terreno, en la escena política, donde la realidad fluida y compleja requiere formas adecuadas, no dogmáticas y creativas de hacer política. Y lo que es más importante: no sabemos hasta qué punto y cuándo los grupos sociales aliados, como los trabajadores y los docentes, desplegarán acciones de solidaridad más amplias con el levantamiento. En resumen, es muy difícil de prever.

Sin embargo, independientemente de lo que ocurra con este levantamiento, este movimiento, en este momento, ya ha conseguido significativos resultados. Estamos asistiendo a un cambio de paradigma crucial en la subjetividad de los iraníes. En las ciudades grandes y pequeñas, incluso en los pueblos, entre los padres y los jóvenes, entre los grupos étnicos y las clases bajas y medias, parece haber nacido una nueva “nación” que insiste en reclamar la vida y vivir con dignidad. Y lo grita en las calles del levantamiento. Es poco probable que muchas cosas vuelvan a ser como antes. Quizá sea el fin de facto de la policía moral, aunque no la supriman oficialmente. Nuevas normas se impusieron en la realidad de la vida pública. Quizá el “hiyab opcional” sea una de esas normas.

¿Cuál es su deseo de este movimiento de protestas sociales?

Mi deseo, tal vez como el de millones de iraníes, es que se cumplan estas reivindicaciones desatendidas de los diversos grupos y clases sociales de este país, con el menor costo de vidas humanas y de su infraestructura material y sin ninguna interferencia de las potencias extranjeras. La realización de este deseo depende, por un lado, de la capacidad y continuidad de este movimiento y, por el otro, de la conciencia y el juicio de los gobernantes. Tal vez esto sea ingenuo. Tal vez sea imposible. Pero lo cierto es que, como sugería Max Weber, la experiencia histórica demuestra que los humanos no podríamos haber alcanzado lo “posible” sin pensar una y otra vez en lo “imposible”.


[*] Los lectores interesados en saber más sobre conceptos como el “arte de la presencia”, los “no movimientos” y la “invasión silenciosa” pueden consultar el libro de Asef Bayat Life as Politics: How Ordinary People Change the Middle East (2013).

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