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Como parte del Dossier sobre la invasión Rusa a Ucrania publicamos la Carta abierta de Taras Bilous, destacado activista de la organización socialista democrática ucraniana Movimiento Social, publicada orginalmente en el número 57 de la revista Revista Trasversales de febrero 2022.

Como siempre aclaramos que las opiniones vertidas en este espacio no reflejan, necesariamente ni total ni parcialmente nuestra postura editorial, las difundimos porque opinamos que aportan a un debate necesario y urgente.


Escribo estas líneas en Kiev, que está bajo ataques de artillería

Hasta el último minuto, esperaba que las tropas rusas no lanzaran una invasión a gran escala. Ahora, solo puedo dar gracias a quienes filtraron la información a los servicios de inteligencia estadounidenses.

Ayer, pasé la mitad del día considerando si debería unirme a una unidad de defensa territorial. Durante la noche, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyi firmó una orden de movilización total y las tropas rusas rodearon y se prepararon para entrar en Kiev, tomando así por mí la decisión pendiente.

Pero antes de ocupar mi puesto, me gustaría comunicar a la izquierda occidental lo que pienso sobre su reacción ante la agresión de Rusia contra Ucrania.

En primer lugar, agradezco a las personas de izquierda que se manifiestan ante las embajadas rusas, incluso a aquellas que tardaron en darse cuenta de que Rusia era el agresor en este conflicto. Estoy agradecido a las y los políticos que apoyan presionar a Rusia para que detenga la invasión y retire sus tropas. Y a la delegación de parlamentarios, sindicalistas y activistas británicos y galeses que vinieron a apoyarnos y a escucharnos en los días previos a la invasión rusa.

También estoy agradecido a la Campaña de Solidaridad con Ucrania en el Reino Unido por su ayuda durante muchos años.

Este artículo trata sobre la otra parte de la izquierda occidental. Aquellos que se imaginaron una ‘agresión de la OTAN en Ucrania’ y que no pudieron ver la agresión rusa, como por ejemplo el capítulo de Nueva Orleans de los Socialistas Democráticos de América (DSA), o como el Comité Internacional DSA, que publicó una declaración vergonzosa sin pronunciar una sola palabra crítica contra Rusia (estoy muy agradecido al profesor y activista estadounidense Dan la Botz y a los demás por sus críticas a esta declaración ). O aquellos que criticaron a Ucrania por no implementar los Acuerdos de Minsk y guardaron silencio sobre sus violaciones por parte de Rusia y las llamadas ‘Repúblicas Populares’. O los que exageraron la influencia de la extrema derecha en Ucrania, pero pasaron por alto a la extrema derecha en las ‘Repúblicas Populares’ y evitaron criticar la política conservadora, nacionalista y autoritaria de Putin. Parte de la responsabilidad de lo que está pasando recae en ellos.

Todos ellos son parte de un fenómeno más amplio en el movimiento ‘anti-guerra’ occidental, el fenómeno «campista», como lo denominan quienes se oponen a él en la izquierda. La autora y activista británica-siria Leila Al-Shami le dio un nombre más fuerte: el ‘antiimperialismo de los idiotas’. Lean su maravilloso ensayo de 2018 si aún no lo han hecho.

Citaré aquí sólo la tesis principal: la actividad de una gran parte de la izquierda ‘anti-guerra’ occidental sobre la guerra en Siria no tuvo nada que ver con detener la guerra. Solo se opuso a la interferencia occidental, mientras ignoraba, o incluso apoyaba, la implicación de Rusia e Irán, por no hablar de su actitud hacia el régimen de Assad ‘legítimamente elegido’ en Siria. «Varias organizaciones anti-guerra han justificado su silencio sobre las intervenciones rusas e iraníes argumentando que ‘el principal enemigo está en casa'», escribió Al-Shami. «Esto los excusa de emprender cualquier análisis serio para determinar quiénes son realmente los principales actores que impulsan actualmente la guerra».

Desafortunadamente, hemos visto repetirse el mismo cliché ideológico sobre Ucrania. Incluso después de que Rusia reconociera la independencia de las ‘Repúblicas Populares’ a principios de esta semana, Branko Marcetic, un escritor de la revista estadounidense Jacobin, escribió un artículo dedicado casi por completo a criticar a Estados Unidos. En lo que respecta a las acciones de Putin, solo llegó a comentar que el líder ruso había «dado señales de tener ambicione poco benignas». ¿Hablaba en serio?

No soy un fan de la OTAN. Sé que después del final de la Guerra Fría ese bloque perdió su función defensiva y lideró políticas agresivas. Sé que la expansión de la OTAN hacia el este socavó los esfuerzos dirigidos al desarme nuclear y a la formación de un sistema de seguridad conjunta. La OTAN trató de marginar el papel de la ONU y sw la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y de desacreditarlas como ‘organizaciones ineficientes’. Pero no podemos volver al pasado y tenemos que orientarnos en las circunstancias actuales a la hora de buscar una salida a esta situación.

¿Cuántas veces mencionó la izquierda occidental las promesas informales de EE. UU. al ex presidente ruso, Mikhail Gorbachev, sobre la OTAN ( «ni una pulgada hacia el este» y cuántas veces mencionó el Memorando de Budapest de 1994 que garantizaba la soberanía de Ucrania? ¿Con qué frecuencia la izquierda occidental apoyó las «preocupaciones legítimas de seguridad» de Rusia, un estado que posee el segundo arsenal nuclear más grande del mundo? ¿Y con qué frecuencia recordó las preocupaciones de seguridad de Ucrania, un estado que tuvo que cambiar sus armas nucleares, bajo la presión de EEUU y Rusia, por un papel (el Memorando de Budapest) que Putin pisoteó de manera concluyente en 2014? ¿Se les ocurrió alguna vez a los críticos izquierdistas de la OTAN que Ucrania es la principal víctima de los cambios provocados por la expansión de la OTAN?

Una y otra vez, la izquierda occidental respondió a las críticas hacia Rusia mencionando la agresión estadounidense contra Afganistán, Irak y otros estados. Por supuesto, estos estados deben incluirse en la discusión, pero ¿cómo, exactamente?

La argumentación de la izquierda debería ser que en 2003 los demás gobiernos no presionaron lo suficiente a Estados Unidos con respecto a Irak, pero no que que ahora sea necesario ejercer menos presión sobre Rusia en relación a Ucrania.

Un error obvio

Imagínese por un momento que, en 2003, cuando EEUU se preparaba para la invasión de Irak, Rusia se hubiera comportado como lo ha hecho EEUU en las últimas semanas: amenazando con sanciones si lo hacía. Ahora imaginemos lo que podría haber hecho la izquierda rusa en esa situación, según el dogma de ‘nuestro principal enemigo está en casa’. ¿Habría criticado al gobierno ruso por esta ‘escalada’, diciendo que ‘no debería comprometerse en las contradicciones inter-imperialistas’? Es obvio que tal comportamiento habría sido un error en ese caso. ¿Por qué esto no ha sido obvio en el caso de la agresión contra Ucrania?

Si EEUU y Rusia llegaran a un acuerdo y comenzaran una nueva Guerra Fría contra China, ¿sería eso realmente lo que queríamos?

En otro artículo de Jacobin de principios de este mes, Marcetic llegó a decir que Tucker Carlson de Fox News tenía «toda la razón» sobre la «crisis de Ucrania». Lo que Carlson había hecho era cuestionar «el valor estratégico de Ucrania para los Estados Unidos».Tariq Ali, en New Left Review, llegó a citar con aprobación el cálculo del almirante alemán Kay-Achim Schönbach, quien dijo que respetar a Putin en lo que se refiere a Ucrania sería «de bajo coste, incluso sin coste alguno», dado que Rusia podría ser un aliado útil contra China. ¿En serio? Si EEUU y Rusia pudieran llegar a un acuerdo y comenzar una nueva Guerra Fría contra China como aliados, ¿sería eso realmente lo que queríamos?

Reforma de la ONU

No soy partidario del internacionalismo liberal. Los socialistas deberían criticarlo. Pero esto no significa que tengamos que apoyar la división de ‘esferas de interés’ entre los estados imperialistas. En lugar de buscar un nuevo equilibrio entre los dos imperialismos, la izquierda tiene que luchar por una democratización del orden de la seguridad internacional. Necesitamos una política global y un sistema global de seguridad internacional. Tenemos a la ONU. Sí, tiene muchos defectos y, a menudo, es objeto de críticas justas. Pero se puede criticar para rechazar algo o para mejorarlo. En el caso de la ONU, necesitamos esto último. Necesitamos una visión de izquierdas para la reforma y la democratización de la ONU.

Por supuesto, esto no significa que la izquierda deba apoyar todas las decisiones de la ONU. Pero el reforzamiento general del papel de la ONU en la resolución de conflictos armados permitiría a la izquierda minimizar la importancia de las alianzas político-militares y reducir el número de víctimas. (En un artículo anterior , escribí cómo las fuerzas de paz de la ONU podrían haber ayudado a resolver el conflicto de Donbass. Desafortunadamente, esto ya ha perdido relevancia). Después de todo, también necesitamos a la ONU para resolver la crisis climática y otros problemas globales. La reticencia de muchos izquierdistas del mundo a apelar a ella es un terrible error.

Después de que las tropas rusas invadieran Ucrania, el editor de Jacobin para Europa, David Broder , escribió que la izquierda «no debería disculparse por oponerse a una respuesta militar estadounidense». De todos modos, esta no era la intención de Biden, como dijo varias veces. Pero una gran parte de la izquierda occidental debería admitir honestamente que se equivocó por completo al formular su respuesta a la «crisis de Ucrania».

Mi perspectiva

Terminaré escribiendo brevemente sobre mí y mi perspectiva. En los últimos ocho años, la guerra de Donbass ha sido el principal tema que ha dividido a la izquierda ucraniana. Cada cual formó su posición bajo la influencia de la experiencia personal y de otros factores. Por lo tanto, otro izquierdista ucraniano habría escrito este artículo de manera diferente.

Nací en Donbass, pero en una familia nacionalista de habla ucraniana. Mi padre se involucró en la extrema derecha en la década de 1990, observando la decadencia económica de Ucrania y el enriquecimiento de la antigua dirección del Partido Comunista, contra la que había estado luchando desde mediados de la década de 1980. Por supuesto, tiene puntos de vista muy antirrusos, pero también antiestadounidenses. Todavía recuerdo sus palabras el 11 de septiembre de 2001. Mientras veía caer las Torres Gemelas en la televisión, dijo que los responsables eran ‘héroes’ (ya no lo cree, ahora cree que los estadounidenses las volaron a propósito).

Cuando comenzó la guerra en Donbas en 2014, mi padre se unió al batallón de extrema derecha Aidar como voluntario, mi madre huyó de Lugansk y mi abuelo y mi abuela se quedaron en su pueblo, que quedó bajo el control de la ‘República Popular de Lugansk’. Mi abuelo condenó la revolución Euromaidán de Ucrania. Apoya a Putin, quien, dice, ha «restaurado el orden en Rusia». Sin embargo, todos intentamos seguir hablando entre nosotros (aunque no de política) y ayudarnos. Intento ser empático con ellos. Después de todo, mi abuelo y mi abuela pasaron toda su vida trabajando en una granja colectiva. Mi padre era obrero de la construcción. La vida no ha sido amable con ellos.

Los eventos de 2014 (revolución seguida de guerra) me empujaron en la dirección opuesta a la mayoría de las personas en Ucrania. La guerra mató el nacionalismo en mí y me empujó hacia la izquierda. Quiero luchar por un futuro mejor para la humanidad, y no para la nación. Mis padres, con su trauma postsoviético, no entienden mis puntos de vista socialistas. Mi padre es condescendiente con mi ‘pacifismo’, y tuvimos una conversación desagradable después de que me presenté en una protesta antifascista con un piquete pidiendo la disolución del regimiento de extrema derecha de Azov.

Cuando Volodymyr Zelenskyi se convirtió en presidente de Ucrania en la primavera de 2019, esperaba que esto pudiera evitar la catástrofe que se está desarrollando ahora. Después de todo, es difícil demonizar a un presidente de habla rusa que ganó con un programa de paz para Donbass y cuyas bromas fueron populares tanto entre ucranianos como rusos. Lamentablemente, me equivoqué. Si bien la victoria de Zelenskyi cambió la actitud de muchos rusos hacia Ucrania, eso no impidió la guerra.

En los últimos años, he escrito sobre el proceso de paz y sobre las víctimas civiles en ambos lados de la guerra de Donbass. Traté de promover el diálogo. Pero todo esto se ha esfumado ahora. No habrá compromiso. Putin puede planear lo que quiera, pero incluso si Rusia toma Kiev e instala su gobierno ocupacional, resistiremos. La lucha durará hasta que Rusia salga de Ucrania y pague por todas las víctimas y toda la destrucción.

Por lo tanto, mis últimas palabras están dirigidas al pueblo ruso: apúrense y derroquen al régimen de Putin. En su interés tanto como en el nuestro.

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