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La última semana la ciudad de San Nicolás fue noticia a nivel nacional ¿El hecho que lo motivó?: la brutal represión y posterior detención de 11 activistas ambientales. Diez de ellos aprehendidos mientras bloqueaban la circulación de camiones que, por orden municipal, pretendían descargar toneladas de escombros a una laguna habitada por flora y fauna nativa del área natural protegida Rafael de Aguiar. El último de ellos, arrestado cuando se acercó a la comisaría para preguntar por el destino y la situación de sus compañeros y compañeras.

Pero hay que retroceder bastante para entender cómo se llega hasta aquí.

Nos encontrábamos a mediados de año y con la cuarentena en su etapa más dura cuando un patrullero atropellaba a dos jóvenes que circulaban en moto y que intentaban evadir un control policial. El asesinato de Ulises Rial y Ezequiel Corbalán aún permanece impune y sus verdugos todavía están en funciones en las calles nicoleñas, portando armas y manejando patrulleros que, ocasionalmente, serán utilizados también como armamento letal. Este hecho, si bien no tiene relación directa con la lucha ambiental de la que estamos hablando, sí nos ayuda a entender mejor de qué hablamos cuando hablamos de la policía.

Por ese entonces también, y durante todo el invierno y buena parte de la primavera de 2020, el país ardía en llamas, literalmente. Los incendios forestales, intencionales en su mayoría, redujeron a cenizas una enormidad de fauna y flora nativas de las distintas regiones del país.

En algunos lugares lo que se jugaba detrás era la necesidad de desocupar tierras para la extensión de la ganadería  o del monocultivo; en otros, la depredación inmobiliaria.

El delta del Paraná no fue la excepción y tal es así que las islas que se encuentran frente al continente, aproximadamente desde Campana hasta Rosario, ardieron durante meses. De a poco se conocerían algunos nombres propios de los incendiarios, y el apellido Passaglia (el clan gobernante nicoleño) siempre se escuchaba por allí.

El gobierno nacional, a través de su Secretaría de Medio Ambiente, se limitó a algunas declaraciones sobre lo trágico de la situación. Por lo demás, sólo observó todo desde la primera fila. No era de esperar otra cosa. Si hacemos un poco de memoria, aunque no esté de moda en estos tiempos, debemos contabilizar, desde el inicio mismo de este gobierno, la ofensiva megaminera contra el pueblo de Mendoza, y actualmente contra Chubut, dos provincias movilizadas en defensa de su agua. La aprobación del trigo transgénico y el empuje del acuerdo con China para instalar megafactorías de producción de carne de cerdo. La baja de las retenciones a las megamineras y a las industrias derivadas de la soja, y tantísimo hitos más. Con los Fernández, el extractivismo contaminante no sólo goza de excelente salud, sino que también parece ser el único plan para conseguir los dólares que el FMI y los acreedores internacionales reclaman.

Pero volviendo a San Nicolás, una bicicleteada organizada en repudio a los incendios en las islas fue el punto inicial de un incipiente agrupamiento de personas y organizaciones preocupadas por la protección del ambiente y la tierra que nos cobija.

Así es que cuando se conoció el intento de avance municipal sobre el Parque Aguiar, ya estaba el germen de quienes se encargarían de resistir esta embestida.

El área natural protegida municipal Parque Rafael de Aguiar comprende alrededor de 1500 hectáreas y es el hogar de alrededor de 200 especies autóctonas animales, sin contar peces ni insectos –aves, mamíferos, reptiles, anfibios- y 230 especies de plantas, muchas de ellas, con usos medicinales reconocidos por los conocimientos originarios ancestrales. Las intenciones del gobierno municipal en este lugar nunca quedaron totalmente claras (porque el proyecto de obra nunca se dio a conocer), pero versiones extraoficiales hablaban de un paso vehicular atravesando toda el área para conectar con una guardería náutica en construcción, y hasta la posibilidad de explotar una de las islas del delta para la construcción de un casino.

Recordemos que esta gestión tiene historia en la explotación del lugar: hace algunos años se encargó de privatizar lo que fuera el balneario municipal, para transformarlo en una pista de windsurf para los amigos del poder.

En ese momento, cuando los empleados municipales ingresaron al lugar con palas y picos, arrasando con cuanto árbol encontraran a su paso, y mientras por el otro lado, camiones arrojaban toneladas de escoria proveniente del Alto Horno de Siderar, la medida desesperada de un pequeño grupo de ciudadanos fue instalar un acampe que permitiera frenar la depredación.

Así transcurrieron casi 60  días. Con un grupo de jóvenes (y no tan jóvenes) que se turnaron para hacer guardias en las carpas, restándoles horas a sus actividades laborales y familiares, y dejando hasta su última energía en una medida tan desgastante como lo es el acampe. Hubo infinidad de actividades para cosechar la solidaridad de una mayor parte de la población nicoleña que permaneció como un espectador externo e indiferente a la situación. Hubo momentos de mayor o menos tensión, con la presencia siempre amenazante de las fuerzas policiales. Hubo marchas muy coloridas y creativas, por las calles de la ciudad, con las consignas principales de “Saquen la basura del parque” y “Proyecto oficial con estudio de impacto ambiental y participación ciudadana”. Hasta que, casi terminado el año y después de pasar la navidad a la vera del arroyo, se decide el levantamiento de acampe, ante el agotamiento psicológico y físico de quienes venían manteniéndolo y ante la amenaza cada vez más cercana de un desalojo violento de la mano de la policía.

Días después de esto, y con las actividades de movimiento de suelo del parque detenidas, los camiones municipales retiran la escoria del lugar; y esto es visto por la mayoría de la población como una pequeña victoria de los y las acampantes.

Pero esta sensación no duraría mucho porque enseguida comenzado el año, la basura invadió nuevamente el área protegida y puso en movimiento a quienes, a esta altura, son los únicos que verdaderamente la protegen. Aquellos que habían mantenido por dos meses el acampe y que entienden que a la naturaleza se la defiende, porque ella no puede defenderse sola.

Así se llega a la mañana del martes 26 de enero cuando, después de que el día anterior una orden judicial hubiera suspendido los trabajos y la circulación vehicular en el lugar, algunos activistas se enteran que los camiones, nuevamente, están contaminando una de las lagunas del lugar con escombros, demostrando cómo las órdenes judiciales no tardan en convertirse en papel mojado cuando obstaculizan algún interés económico.

El grupo que se dirige al lugar, decide sentarse frente a los camiones para evitar su circulación, poniendo sus cuerpos como barrera ante el avance del “progreso”. Y es entonces que llega la policía bonaerense; para demostrar, nuevamente, de qué lado está el poder y qué validez tienen las leyes cuando éste no las quiere cumplir, y cuál es la función primera de esta institución armada.

Lo que sigue es conocido: hombres y mujeres golpeados, arrastrados por el piso de los pelos, celulares rotos o  robados cuando intentaban documentar lo que pasaba. 10 activistas detenidos sin razón alguna (como si fuera necesario), dos de ellos hospitalizados producto de la golpiza propinada por los perros guardianes del poder. Y un joven chupado de la vereda de la comisaría, cuando había ido a preguntar por el destino de sus compañeros y compañeras.

Digamos entre paréntesis, que la comisaría tercera, adonde fueron llevados los detenidos, había sido noticia hace algunos años por haberse descubierto que manejaba toda la circulación ilegal de drogas de la zona norte de la ciudad. Su cúpula fue apartada y reemplazada, pero cuesta creer que sus subordinados hayan aprendido otra forma de funcionar.

Con el paso de las horas, y gracias a la presión de decenas de personas reunidas frente a la comisaría, uno a uno fueron liberados y el paso de las semanas dirá cómo continua esta pelea.

En una nota complementaria analizamos las implicancias políticas de los hechos. Que sirva ésta para ilustrar el desarrollo de este proceso que lejos está de haber finalizado, pero que nos va mostrando cómo se manejan los poderes fácticos en San Nicolás, la provincia y todo el país, cuando de sacar ganancias se trata, cueste lo que cueste.

Borrador Definitivo. Periodismo de clase. Revista Disonancia

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